La fiebre lo terminó de quemar por el sitio del Altar. Las afluentes del Caramacate no aplacaron la calentura y total que la mula llegó al pueblo con el solo apero. Cómo podía contar la bestia todo lo que aconteció: “que el muchacho quedó sobre el piedrero del río y tanta agua no pudo apagar el llamarón que terminó por quemar a Quintín”. Será que los zamuros no comen carne quemada porque cuando llegaron unos cazadores que tenían un veladero por ahí mismito, se consiguieron con el cuerpo que estaba siendo devorado por un bochinche de cangrejos; enfurecidos de regusto por el bojote que la mula le había dejado cuando enfilaba hacia San Sebastián de los Reyes.

Leo A.
Los Teques, 1 de octubre de 2017