Recuerdo la primera vez que lo vi: En realidad no me cautivó en lo absoluto, no fue "amor a primera vista"; pero sí sobresalía, brillaba entre todos con esa forma de hablar tan elocuente, esa risa contagiosa y esa vibra positiva que irradiaba. Su personalidad: Fuerte, correcta, enfocada. Siempre positivo, siempre con metas claras, siempre entusiasta y optimista.
No sé en qué punto llegamos a ser amigos. Supongo que cuando me di cuenta lo interesante que era conversar con él. Quiero que sepan que me gusta hablar, como se dice acá en Venezuela: "Hasta por los codos", cuando alguien me transmite confianza. Pero esta persona es tan... Fascinante, que podría pasar horas escuchándolo, nada más escuchándolo, oyendo sus ideas, sus metas, sus deseos, su ambición; con sus ojos brillando en cada palabra, sorprendentemente no color miel, sino café oscuro. Café oscuro, oscuro, como el café fuerte, tal y como me gusta por las mañanas.
Y así pasó, a tal punto en el que me di cuenta que la parte preferida de mis días, eran nuestras no muy largas, pero reconfortantes conversaciones.
También recuerdo la última vez que lo vi: Fuerte, con sus brazos impulsándolo siempre hacia adelante, su uniforme de jugador número 14 en su espalda, algo sudoroso pero enfocado. Lucía atractivo, qué digo atractivo; lucía guapo, mejor dicho, guapísimo, desde las gradas donde lo esperaba. Con una canción de rock alternativo que me gusta mucho pero que ahora no recuerdo, de fondo. Como promocionándolo, como un catálogo de príncipes azules para llevar, que podía ser mío. Y quería.
Puedo decir que intenté unas 4567894098 veces durante ese torneo, decirle que mi amor por el quema con la intensidad de mil soles, pero no pude. Quería hablar, pero no podía, no salían las palabras. A decir verdad, es la única persona que hasta ahora, me da miedo confesárselo.
¿No les ha pasado?
Aunque, si te pones a pensar... ¿Qué puedo perder? ¿Una gran amistad, tal vez? —Está bien, sí, perder eso la verdad es que me dolería, sólo un poco— Probablemente nunca se lo diga, y jamás lo sepa. Probablemente sea una boba —muy probablemente— , y ya es algo que se ha imaginado. Guardarse los sentimientos y encerrarlos en un frasquito de cristal, bien cerradito, para no espantarlo. Sí, suena bien. Hasta que sea el momento de dejarlos salir —si es que ese momento llega—.
¡Qué más da! Algún día lo sabrá —o no—, ¡qué importa! Me reconforta pensar que siempre puedo tener esas conversaciones interesantes cuando lo necesite, que siempre estará ahí; justo como me lo ha hecho saber —y hasta ahora, lo ha cumplido—. Eso, hasta lo momentos, debería bastar.
PD: Si estás leyendo esto, amor platónico. Sí, tienes demasiadas excelentes cualidades. Pero mi favorita es la forma en la que te ríes. Por favor, ríe siempre, contagia tu felicidad a los demás. La risa es la mejor cura, y más si es una como la tuya.