Se dedique o no a la música, un instrumento musical que pueda manipular, conocer, cuidar y querer le brindará invaluables aprendizajes.
Cuando estaba pequeño mi madre atesoraba una guitarra clásica de elaboración española, la que resguardaba en el armario de su baño dentro de un estuche rígido. A la edad de cuatro años, siempre que me fuera posible me escondía para sacar el pesado estuche, lo acostaba en el suelo, me sentaba junto a él y descubría la hermosa pieza, su brillante color amarillo en contraste con el vino tinto del interior de la caja hacían parecer que estaba abriendo un cofre lleno de oro, no me atrevía a sacarla, me quedaba allí absorto con su mirada y me aventuraba a pulsar sus cuerdas de arriba abajo, al hacerlo escapaban de ella, cual genio de lámpara mágica, seis cantantes; tres hombres y tres mujeres, unos flaquitos y otros gordotes, unos viejitos y otros jovencitos, unos alegres y otros gruñones, unos extrovertidos y otros tímidos, cada uno cantaba una nota y se desvanecían con ella en el aire.
Tuviste una mascota que cuidaste y amaste, pero eso no te hizo necesariamente un veterinario. Tuviste legos y cualquier tipo de bloques con los que creaste mundos enteros, pero no por eso eres constructor. Y tuviste libros con muchísimas historias que te hicieron viajar a todos lados pero no por eso eres escritor. Entonces ¿por qué no comprarle un instrumentos musical a tu hijo?.
¿Y por qué si?
La cualidad más fuerte y más importante que tienen los niños es la imaginación, aunque esta tiende a disminuir al crecer, de adulto es la capacidad de imaginar lo que permite crear y resolver situaciones. Albert Einstein por ejemplo, atribuye todos sus logros científicos solo a su imaginación.
Manipular y experimentar con un instrumento musical, incluso si no se está haciendo música (aunque esto es relativo), fortalece y promueve la capacidad imaginativa del niño, pues a temprana edad, los diversos sonidos con sus diferentes frecuencias de onda estimulan de forma física y directa al sistema nervioso, fomentando así la neuroplasticidad, además de esta manera promueve la producción de dopamina en el cerebro (neurotransmisor encargado del placer) y con ello, luego de reducir los niveles de estrés, fortalece la memoria a largo plazo.
Se podría escribir un libro entero sobre los beneficios directos de los sonidos de un instrumento sobre un sistema nervioso en desarrollo. Pero sintetizando, la experiencia constante con un instrumento musical, contribuye con el sano desarrollo del sistema nervioso, activando y agudizando así los diversos sentidos. Dicho esto se puede destacar que también contribuye con la capacidad de abstracción y de concentración, por lo que puede resultar una alternativa para abordar algunos trastornos psicológicos.
Por más sencillo que parezca un instrumento musical, todos guardan una mágica ciencia en su construcción y funcionamiento, descubrir dicha organología en un instrumento determinado despertará en el niño la curiosidad y la habilidad de resolución de problemas, es recomendable que el infante tenga la libertad, en la medida de lo posible, de mover clavijas, perillas, tornillos, o pulsar botones y cuerdas con el único fin de descubrir los mecanismo del instrumento y sus partes.
En base a todo lo anterior, es recomendable entonces obsequiar un instrumento musical a un niño, pero teniendo varias consideraciones presentes:
- Se debe inculcar en el niño el valor, cuidado y respeto por el mismo. Cada instrumento musical posee una personalidad única que siente y transmite, se trata de descubrir dicha personalidad y simpatizar con ella, haciéndolo un tesoro invaluable.
- Debe ser de calidad aceptable, no se trata de buscarle valor a una baratija (instrumento de mala elaboración) o a un juguete, sino a una obra de arte que produce obras de artes.
- Es preferible que dicho instrumento sea de cuerdas, percusión o de algún tipo que no sea muy dificultoso producir sonido con él, como el oboe por ejemplo que exige una fuerza y técnica muy precisa para producir una sola nota, más bien una guitarra, un xilófono o flauta dulce.
- Más que estudiar música, se trata de experimentar con el instrumento, en este sentido lo que haga el niño con él está bien, así sea tocarlo al revés, siempre teniendo en cuenta que no es un juguete. Luego si es la intención de él, podrá estudiar la técnica correcta de ejecutarlo y eso es mucho mejor.
Que un niño se pierda entre las cuerdas de un instrumento, imaginando mundos y descubriendo historias. Le brindará un desarrollo cognitivo, emocional y espiritual que se traducirá en felicidad. Lo cual no se consigue con las consolas de juegos, los celulares o tablets, muchas veces todo lo contrario.
Mis hijos por ser de padre y madre músicos han vivido rodeados de toda clase de instrumentos, con los que experimentan y descubren, pero cada uno tiene su instrumento personal que deben atesorar, cuidar y amar.
Esperando que este artículo haya sido de mucho agrado para todos, con mucho cariño me despido por ahora de todos mis Steem-mados lectores.