Es de hace algún tiempo, no sabría decirles de cuando, sé que surgió de un cuento sobre una silla cantora, vino y una noche divertida.
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El Tercero
El dia siguiente de Edvard Munch
Desesperada, buscaba entre las sábanas, no sé ni qué buscaba, quizás algo de la noche anterior. Me tumbé en la cama, de nuevo. El asma volvía a joder y mi mano angustiada buscaba encender otro cigarro, pero no había ni cigarros, ni yesquero, ni brassier, solo recuerdos borrosos... Culpé al vino de mis olvidos y de mi poca decencia. Noté que un tercero me miraba en la habitación: era la figurita de una silla, me llamaba desde la mesa con descaro y emoción. Mientras seguía culpando al vino, por todo lo anterior. Cerré los ojos un momento y recordé, que el de ayer dijo que funcionaba como un caracol.
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