Aún no me acostumbro a decirte hijo, es impresionante cómo has cambiado nuestras vidas y aunque te metiste de lleno en mi corazón, el cambio es tan grande que todavía es sorprendente saber que soy papá. Ya tienes ocho meses con nosotros y han sido un maremoto de aventuras, sustos pero sobre todo, momentos bonitos e inolvidables.
Quiero que sepas que te quiero, y que has sido el motor para impulsarme cada madrugada cuando salgo a trabajar en esta congestionada y herida nación, en este amargo momento de la historia de nuestro país que nos tocó vivir. Cuando estoy por rendirme, tu carita y tus gestos me recuerdan que esta lucha es por ti.
Quiero dártelo todo, y a diario hago lo mejor de mi por ofrecerte lo poco que puedo, te prometo que algún día será más, que todo mejorará y que, mientras tanto yo seguiré abriéndote el camino. Te enseñaré a abrir tus alas, a elegir tus caminos y experimentar hasta encontrar aquello en lo que seas grande. Y cuando digo grande no me refiero precisamente a rico o famoso, pues he descubierto que eso no hace falta, sino grande en felicidad y en logros cumplidos. Que algún día puedas decir: "mira cuánto hice, cuánto disfruté, cuánto logré, cuánto fallé y cuánto viví".
¡Tú, muchachito, mi sueño, mi motor, mi sonrisa, mi todo! ¡Te amo!