Cuentan que salta de tumba en tumba
Su nombre era juan, trabajaba como sepulturero en el cementerio municipal, dicen que acostumbraba a burlarse de la gente cuando lloraban y gritaban exclamando amor por sus seres fallecidos. El guiaba el cortejo, el traslado del ataúd hasta su sitio de entierro. Miles de ataúdes vio desaparecer detrás del cemento. Cuentan que llegaba muy temprano y se iba muy de noche. 42 años estuvo allí. Se puede decir que él, no formaba parte del cementerio. Sino que el cementerio era parte de él.
No le conocían familia alguna, le decían; “El guardián del cementerio”.
Su muerte fue sencilla, fulminante. Y sin familia, ¿cómo harían? Pues allí mismo sus compañeros lo dejaron en una fosa común, y se fueron sin despedirse, la señora que me cuenta dice que lo seguía viendo a lo lejos sin saber que estaba muerto. Salta de tumba en tumba como si el cementerio lo hubiese atrapado. Es un anima en pena que solo ve concreto obsoleto y estatuas inmóviles. Y ahí quedara para siempre atrapado en el mismo sitio. Solo, su tumba olvidada sin recibir jamás una visita. Pero aún se burla de la gente que llora y grita.
Autor: Lázaro Rodriguez