Escarlata es bonita pero no se le nota, y es que a la fuerza le ha tocado ir siempre desarreglada y con el cabello alborotado, las ropas viejas ya descoloridas y los zapatos rotos. Si eres Venezolano la conoces y también a su esposo, Perolito.
Ella siempre soñadora, imaginando un país donde se logran metas, donde se puede vivir tranquilo, trabajar en lo que le gusta, obtener ingresos dignos para comprar sus cosas y disfrutar la vida.
Hace un tiempo entró a Steemit, empezó a escribir y enamorarse de la plataforma viendo cómo sus ingresos crecían se emocionaba y se decía: "Ay Escarlata mamita, pronto te podrás comprar champú y no parecerás brujita", "Ay, que emoción me compraré ropita", "Perolito se pondrá contento cuando vea mis sandalitas".
Llegó el día esperado y cambió sus ganancias a la moneda de su país. Sus ojitos brillaban de contento, esa tarde compraría su sustento y además lo necesario para poder arreglarse y peinar su cabello, cambiar sus harapos y cubrir los dedos de sus pies con calzado decente. Era un anhelo que sentía desde hacía tiempo, su sueldo y el de Perolito a duras penas alcanzaba para cubrir el desayuno, el almuerzo y la cena. Se veía obligada por culpa de los altos precios a dejar a un lado las cosas necesarias para no parecer indigente y poder tener cara de humano.
Cuándo la feliz Escarlata entró a las tiendas y observó los altos precios de las prendas casi se desmaya, de no ser por Perolito que la sostuvo casi le pega la cabeza a un tubo. Era imposible de creer que un par de medias costara lo que ayer costaba una nevera, y que el champú tan oloroso que quería era lo mismo que comprar hace un año costosa joyería.
Escarlata compró las medias, porque para el champú no tenía. Salió derrumbada de la tienda pensando en sus greñas y en sus ropas descosidas. Perolito la animó diciendo que se acordara de lo bonito que escribía, que de seguro esa semana el proyecto ballenita le votaría y así ella podría salir de nuevo con alegría en este país sumido en porquería a comprarse las cositas que quería.