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A lo largo del tiempo la palabra de Dios ha sido bálsamo para todas las generaciones. Es un cofre lleno de riquezas inagotables. Está llena de palabras positivas de aliento y de ánimo, dadas para un momento específico en la vida de alguien o para su pueblo en algún recodo de la historia. Miles de años después, sigue teniendo un valor incalculable para ti y para mí.
El efecto de las palabras sobre las personas puede ser grandioso o devastador.
Una maestra le pidió a cada alumno de su clase que hiciera una lista de sus compañeros dejando un espacio entre ellos. Luego cada uno escribió en dichos espacios las cosas más agradables que pudieron decir de cada compañero. Esa tarde recogió las hojas y durante el fin de semana se tomó el trabajo de elaborar una hoja de cada estudiante en la que escribió lo que cada muchacho había escrito acerca de él. En la siguiente clase las entregó y pudo observar la sorpresa de cada joven. Algunos dijeron: "No creí que les cayera tan bien a los otros" o "nunca me imagine que significara algo para alguien".
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Años mas tarde, uno de mis alumnos de aquella clase, Mark Eklund, murió en la guerra de Vietnam.
En un billetero había dos hojas de papel gastadas por los años unidas con cinta adhesiva, señal de haber sido dobladas y desdobladas más de una vez. Era su lista de cosas buenas de aquella ocasión. Muchos de sus compañeros asistentes al funeral confirmaron que aún conservaba su lista.
¿Por qué guardó el joven su lista de cosas buenas y agradables? Porque nos hace falta escuchar lo bueno y agradable. Lo negativo ya lo conocemos. ¿Para qué decirlo otra vez?. Las expresiones que ofrecemos o recibimos son el espejo que ponemos delante las personas para mostrarles su imagen. El mundo actual es especialista en descalificar con expresiones como "No puedes", "No debes", "No haces", "No eres","No sirves". Nosotros incurrimos en el mismo defecto descalificando al esposo, a los hijos, a los hermanos de todos loa grupos donde nos desenvolvemos y compartimos, a los vecinos o compañeros de trabajo.
Que Dios nos ayude a proferir solamente expresiones de bondad hacia los demás, empezando por casa. Que nuestra boca sea fuente de salvación para el que nos rodee.
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Con mi mas grande afecto, te deseo una vida llena de muchas bendiciones,