Se habla de que unos cuatro millones de venezolanos se habrían ido del país. El dato lo proporciona Jesús Seguías, director de la firma de diagnóstico político Datincorp, en entrevista con Unión Radio. Según este analista, la mayor parte de esta cifra correspondería a opositores venezolanos, por lo que estima en un 25% la disminución de este electorado. En otros datos, expuso que un 73% serían personas con formación universitaria completa o incompleta, lo que calificó como “grave para la cohesión social del país”, y concluyó con que “la oposición no ha sabido construir hasta ahora una narrativa incluyente (…) para que los menos favorecidos se sientan representados”.
Ciertamente, para alguien que ha perdido la expectativa de lograr un cambio político en un plazo razonable, y para quien las políticas gubernamentales son incompatibles con sus valores y proyectos de vida, es natural que la opción de emigrar aparezca como la más lógica. En cambio, alguien que se considera beneficiado por las políticas gubernamentales, no tendrá esa clase de incentivos para buscar nuevos rumbos. Con todo, es un hecho que la actual agudización de la crisis está golpeando toda la población sin distinguir preferencias políticas, por lo que es de suponer que la proporción de emigrantes chavistas o exchavistas esté creciendo, aunque tal vez todavía no haya manera de reflejarlo en estadísticas.
La diáspora es, sin duda, una mala noticia para el país, tanto desde la perspectiva de lograr un cambio de políticas por medios electorales, como desde la perspectiva de la reconstrucción, por la fuga de cerebros y la sangría de la fuerza de trabajo. Sin embargo, es de notar que la permanencia en el país de esa población que ahora emigra podría ofrecer todo su potencial benéfico solo en combinación con otros factores y situaciones: un clima institucional favorable para el crecimiento económico, un sistema electoral que refleje verdaderamente la voluntad popular, o bien una combinación de elementos que permita traducir la movilización popular en cambio político.
En ausencia de esos factores o situaciones, la opción de emigrar vuelve a presentarse como positiva y no solamente para los individuos que emigran. Una tímida disminución de la presión sobre los servicios sociales (desbordados además de ineficientes en sí mismos) y el envío de remesas (si bien obstaculizado o intervenido en cierta medida por el régimen) son los beneficios más inmediatos para la población remanente. Sin embargo, estos “beneficios” no alcanzan para producir un alivio significativo de la situación, porque solo inciden tangencialmente sobre los síntomas y de ninguna manera afectan las causas de la crisis, y porque son hechos individuales que producen efectos individuales y poco pueden hacer frente a una crisis global.
¿Qué hacer entonces? No voy a atreverme aquí a decir cuáles son las alternativas que nos permitirán alcanzar la solución ideal: que seamos los venezolanos los que resolvamos nuestra propia crisis. Sí diré, en cambio, que sean cuales sean esas alternativas, requerirán de organización y coordinación, tanto por parte de la población emigrada como de la remanente, y han de ser novedosas, toda vez que las alternativas ya probadas han demostrado sus limitaciones.
Autor: Leonardo Laverde B.
Reseña de la entrevista a Jesús Seguías: https://noticiasvenezuela.org/2018/03/03/afirman-que-mas-de-25-del-electorado-opositor-ha-emigrado/
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