Sí, todo me lo quitaréis, el laurel y la rosa. Llevároslos, pero me queda una cosa que llevo. Y esta noche, cuando entre en la casa de Dios, brillará intensamente mientras diga mi adiós algo que, inmaculado, meceré en un arrullo, y me lo llevaré para siempre; y ese es... mi orgullo.
La cita es del poeta y dramaturgo francés Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac, conocido por el gran publico gracias al Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, fallecido en Sannois, Francia, el 28 de julio de 1655.
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