Unas piernas blancas como la leche,
dulces como el caramelo,
tan oscura como el chocolate,
o amargas como el café.
No son nada para este noble corazón.
En cambio tus piernas
con marcas de la traviesa niña que fuiste,
con huellas de tus antojos más delicioso.
Esas piernas que aman bailar bajo la lluvia,
correr entre el pastizal
y amarrar mi cuerpo junto al tuyo.
Son las que me hacen temblar.