Solo escribe, escribe lo que sea, pero que salga de tu pensamiento
Jesús Enrique Barrios
En la universidad uno vive cosas inimaginables. Y así nacen los proyectos.
El proyecto Crepuscularia es el resultado del afán de Alejandro García, Luis Pimentel y Mafer Bandola de hacer un punto de encuentro entre distintas actividades llevándose a cabo en la ciudad de Barquisimeto (Venezuela), y que como el crepúsculo unificara a los barquisimetanos.
Dentro de ese proyecto nace la Ruta Crepuscularia, que es un recurrido que celebra a los poetas que han hecho vida en la actividad cultural de Barquisimeto. Que antes eran muy conocidos, y ahora ignorados, pero sus obras se mantenían vigentes y recordadas en la ciudad. Con esas premisas, la primera ruta homenajeó a tres poetas: Orlando Pichardo, Álvaro Montero y Jesús Barrios. Dentro del autobús universitario, partimos desde la plaza Lara hacia las tres casas.
Quise escribir mi experiencia desde que iba camino a tomar el bus, así que con cuaderno en mano todo el día, escribí esto. Y siguiendo la frase que me dijo el poeta Barrios (la del principio del texto) les comparto el resultado.
En el país no hay una tarde tan bella como la de hoy. Luis Manuel Pimentel
El día se presentó húmedo desde que amaneció. En el camino me topé con unas gotas, y con la realidad. Mientras yo me mataba por llegar a tiempo, otros se mataban por comida. Sobrevivían al caos. Benditas filas que algún día espero desaparezcan. Me subí, me senté al final del bus junto a Gerardo. Comenzó a llenarse el transporte, ese búnker de historias que se abren paso en la ciudad. No tardó mucho para comenzar a marchar.
Dibujo de Gerardo González - Escrito de Luisana Zavarce
Casa del poeta Orlando Pichardo
La última casa donde Magda compartió con Orlando nos recibía con poesía:
"te voy a escribir un bolero, para que sepas que te amo. Un bolero que nace en tu piel y se enardece en la mía".
Nos sentamos cual niños; algunos en el sofá, otros en el piso, más todos con oídos atentos ante la voz de la experiencia. Poemas iban y venían. Magda nos regaló relatos personales de su matrimonio, gracias a las preguntas de Xiomary Urbáez y su tenaz sentimiento hacia la vida de la mujer del poeta. De ellos atesoré esta frase:
“No hay que luchar por amor, y menos si hay poesía.”
Finalizamos la conversa al fijarnos universalizar a nuestros escritores. Salimos al frente de la casa, pero antes nos dejamos envolver por un par de melodías. Los cabellos danzantes de Narciso Díaz junto al brío del ceño de Jesús Vásquez (Percucello) inyectaron energía larense a nuestros cuerpos.
Dicen que las despedidas deparan alegría, no sé qué tan cierto sea, pero la partida de esta casa solo me aseguró que debía regresar. Esa, sin duda, será una alegría enorme.
Fuente: Luis Pimentel
Fuente: Luis Pimentel
Casa del poeta Álvaro Montero
Los aromas de esta casa atraparon a los sensibles; tres personas nos detuvimos a oler mientras los demás se dirigían a la casa. No supe el nombre del árbol, pero sus flores huelen tan hermoso como se ven.
En esa casa "nos encontramos los diferentes y los que nos parecemos, porque la poesía es amistad, lo mismo a solidaridad.". Daniela Montero, la hija del poeta, nos relataba las conspiraciones en pro de la cultura por medio de la autogestión. Eso nos mostró a todos los jóvenes que nos encontrábamos allí que no somos pioneros, sino que somos los siguientes.
Luis Pimentel me secuestró del encierro en mi cuaderno (que disfrutaba), deteniendo los trazos para alzar mi voz al compás de la poesía del maestro Montero. Una oportunidad que no quise desaprovechar, a pesar del sismo en mis manos y el golpeteo de mi corazón.
Madga nos acompañó (los tres poetas mantenían una estrecha amistad) y nos cantó un bolero acompañada de Narciso Díaz y su muñeca de serpiente. Quizá el señor Orlando le escribía los boleros y ella los cantaba. Y si no, ya en mi mente me los había imaginado.
Cuando llegó la hora, la lluvia no nos dejó partir, o más bien, nos permitió quedarnos. Entre cuadros, macramé, perfumes y humedad, imaginé las historias que esa casa escribió, mientras mojaba mis pies con la lluvia. Seguían en convivir las conversaciones tan variadas, como si entre cada una de las personas allí nos buscábamos.
Habían memorias vívidas entre cemento, y en ese día, el día, nacieron más.
Fuente: Luis Pimentel
Casa del poeta Jesús Barrios
"No sé quién trajo la lluvia, pero llegó. No se trata ni de bien, ni de mal. De no ir, ni llegar, sino estar siempre aquí" Con estas palabras nos recibió el maestro. Me avoqué a registrar todas sus palabras, de las cuales pude extraer estas breves frases y pensamientos:
Este encuentro no se trata de nosotros, sino de otros. Se trata de rendirte homenaje a la poesía, de hacer algo con ella como nuestros antecesores.
Todos los días salimos a cualquier parte, al baño, a la cocina, a la calle; siempre saliendo. Porque parece que nos vamos a rastrear a otras partes. Y es porque estamos en todas partes y en ninguna. Ahí viene la convivencia; buscarse en todos los demás, registrar al otro ser para ver como se pesca del otro. Ha de estar uno atento al montón de cosas que están al rededor.
La poesía, la gran desconocida, sirve para decir cualquier cosa. Pero la prosa no es igual a poesía, y la poesía no es igual a poesía. La poesía es misteriosa, no dice por decir. Ni es limpia, ni es sucia, ni está, ni es.
Todos intentamos escribir, andamos detrás de la poesía, rasgándola para que nos dé alguito. Más siempre hay un poeta que es perseguido por ella para que la dignifique.
Cuando comencé a hacer uso de razón, dejé de usarla.
El que se va para el campo no busca la soledad. Más el que va para Nueva York sí la consigue, porque no hay nada.
Yo no sé nada, yo opino.
Yo vivo de eso, de mis errores.
En tanto, los ojos de Gerardo González eran como un gran angular; capturó el momento con sus trazos, dibujó historia. Sigo sin entender cómo ve, escucha y siente al mismo tiempo. Grande.
Me detuve a contemplar lo que sucedía fuera de mi cuaderno. Abogados, poetas, escritores, estudiantes, profesores, músicos, bailarinas. Para mí , todos maestros. Tenía razón Daniela al decir que nos encontraríamos los iguales y los diferentes. Tal como en Grecia, ese salón fue nuestra plaza. Al rededor del piso de madera escuchando al sabio, luego el sabio escuchando, porque por eso es sabio.
Mis oídos optaron por atender a las preguntas y respuestas, limitándome a la libertad de escribir. Un duende hizo de la conversa todo un suspenso emocionante y divertido. Déjenme decirles, no estoy segura de si sea buena idea juntar el ron con el cocuy.
Luego llegó lo sublime.
La improvisación de la improvisación. Un baile que nos transportó junto a la armonía de un cuatro, un cello y un par de maracas. El baile de un mar que salta, una conexión de almas. Las ondas viajaban del cosmos hasta allí. Y en el silencio desconocido, se impregnó de su esencia el corazón.
La lluvia, los aromas de cada casa, el calor de la gente, los matrimonios, el casi casi, la sentencia de cada poeta en sus finales, la nada; todo hizo que fuese mágico el convivir. Me encontré en cada uno, en cada espacio, en cada historia. Un 24 de marzo, gracias a una ruta estudiantil, se vivió a Barquisimeto en las palabras de sus poetas.
Fuente: Luis Pimentel
Fuente: Luis Pimentel
Fuente: Luis Pimentel