Momentos únicos e inolvidables, de esos que ya no regresan, de esos que pasaron solo una vez en la vida, pero que quedaron por siempre marcados en la memoria y corazón de aquel que vivió con ese ser especial; y sobre todo saber y comprender que ese alguien, te amó igual o más de lo que un día pudiste haberlo querido, eso te llena el alma, te llena tanto, que olvidas lo negativo, e implementas tu confianza en los ratos lindos que te robas aunque no te toquen.
Luisa Rosa, una ex modista nacida el 30 de agosto de 1918, quien una vez lleno de sonrisas a más de una dama confeccionando vestidos de novia en el siglo XX, desde 1995 se convirtió en mi costurera personal desde mi nacimiento.
Me hizo desde un sombrerito, hasta unas medias, todas hechas por obra de sus manos, le encantaba la costura y también el tejido; quizás esta “actividad” era la más común en aquellas épocas, pero sin duda la más linda.
Luisa amaba su trabajo, tanto que no hizo más que diseñar ropa toda su vida.
Cuando se enteró de mi nacimiento y de que sería niña, su corazón no aguantaba la alegría, por fin, podría hacer uno de sus tantos anhelados bocetos a su primera nieta.
En 1998, me hizo el primer traje para Carnaval, a petición de mi mamá era una Minnie Mouse.
En Carnaval de 1999, era una marinerita, este era uno de los diseños que más le gustaba hacer, amaba las telas de rayas.
Cuando tenía 5 años me hizo mi primer disfraz de “rumbera”, sí, este era otro de sus favoritos.
Y cuando tenía 7, me confeccionó mi segundo traje de rumbera, esta vez de color amarillo “para diferenciar” decía ella.
Dos años más tarde, con 9 años, hizo mi último disfraz de bailarina de danza folklórica, esta vez, para una fiesta de cumpleaños que coincidía justo en las fechas de carnavales.
Cada uno de ellos, hechos con el mínimo detalle en la sencillez, en la textura, en los elaborados; todos realizados del mismo modo: con su máquina de coser Singer, con hilo, con telas, y sobre todo con amor por lo que hacía.
Al final de la vida, no importa la ocupación que se ejerza, siempre y cuando sea lo que se quiere. Y creo que mi abuela Luisa, lo entendió muy bien, e intento cada año de la vida mía, explicármelo.
Mi abuela, dejo de coser en 2004, debido a una artritis que le imposibilitó continuar bordando y tejiendo. Actualmente ella ya no vive, pero aun conservo en mi armario, varios de los tejidos y trajecitos que hizo para mí cuando era bebé.
“Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras esperan la gran felicidad”. Pearl S. Buck (1892-1973)