Espero hayan tenido un excelente día mi querida comunidad Steemit, a continucación compartiré con ustedes y en exclusiva mi primer microrrelato. De verdad me siento muy satisfecho con el resultado, espero también les sea de su agrado.
Prometo no decir vulgaridades
¡Hace tanto que te extrañaba! Esta horrible sensación de soledad y tristeza, de distancia y desconsuelo ya me tienen harto. ¡Bah! Mustio me he sentido desde aquella última vez que cogimos, ¿de verdad no me crees? Este clima gris que crispa los vellos de mis brazos, que hiela la sangre y que pone duro todo lo que por ti siento. Como esa llama abrasadora que me da vida, que me mantiene adverso al hielo, esa pasión que recorre hasta la más mínima arteria de mi verga, ¡esa eres tú¡ Allí acostada, esbelta… Esa silueta que roza con delicadeza el claro de luna, mostrándome la redondez de tu culo hasta las hebras de tu delicada y dorada melena, así vas robándote el espacio de mi pequeño regazo y de mi larga condena. ¡Cómo me encanta contemplarte y sentirte! Así, como la musa que encarnas y te posas sobre mi cuerpo con tus duros pezones, con tu húmedo coño, con tus gemidos ensordecedores, con tu imaginación desbordada. ¡Cógeme como una perra! ¡Cógeme como una perra! –Gritabas- No tenías ningún tipo de escrúpulo en tu lenguaje y yo tampoco prometí lo mismo desde que empecé a narrar esta historia, mucho menos cuando vi mi mano envuelta de tu cabello, haciendo un gran nudo y halándotelo con fuerza. El continuo y salvaje choque de mis manos contra tus nalgas adelantaron el enrojecimiento de tu suave y pálida piel, las gotas de sudor bajaban como torrentes, como si de un río desbordado se tratase, pero el olor ya no era el mismo, la sensación ya no era líquida en nuestros fluidos, se tornaba espesa, incontrolable, la desesperación de no saber qué era, ¿por qué mierdas se apagó la luz de mi linterna? –Me dije- Luego un sonido metálico se escuchó al tocar el suelo, por todos los rincones se coló ese disonante ruido y con ecos de muerte decidiste abrir tu cuello. No hallaba qué hacer, la herida era tal que mis desesperados dedos intentaban en vano unir cada una de tus venas, mi pulso ya no era algo tembloroso, sino algo desastroso, sentía cómo gota a gota se me iba tu vida sin poder hacer nada… Mi cara, tu cara, mis sábanas, tu vestido, mi hola, tu despedida. ¡Oh dios santo! De… de... de no haber sucumbido aquella noche en locura ¡tú, maldita enferma! Aquí seguirías a mi lado, y no esa espectral figura que allí me invade, me atormenta y me grita todas las noches en esta horrible celda: ¡cógeme como una perra!
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