Que placentero es, cuando conseguimos a esa persona que nos complementa y nos hace mejores, esa persona que nos acompaña en nuestras locuras. Ese ser que se vuelve imprescindible con el tiempo, que te acompaña en tus fracasos como también en tus éxitos, ese ser donde te sientes seguro y a su vez protegido, ante todo. En esencia, ese ser que nos dolería si se va de nuestras vidas.
Enamorarse es un sentimiento muy bonito, pero que en muchos casos tiene fecha de caducidad, con el tiempo ese ser que lo tenías en un altar, se convierte en esa persona que te incomoda y que en una parte la quieres tener pero que en otra parte no la valoras como se debe. El desencanto comienza a ser parte de ti, piensas que lo mejor es no seguir, crees que la otra persona es el culpable de que las cosas no funcionen.
Pero no te autocriticas, no te analizas profundamente y vez si has cometido algún error, que haya permitido que esa relación haya llegado a ese punto de quiebre, donde pareciera que todo está en un limbo, donde no se puede rescatar nada, por más que en el fondo eso es lo que quieres. Pensando que hay una posibilidad, aunque sea remota, tus sentimientos todavía están ahí y lo sabes, pero tu orgullo no te permite ver más allá del presente.
Es entendible que cuando te das cuenta que estas en un círculo vicioso, donde no van ni para adelante ni para a detrás, decidas abandonar, no porque eres cobarde y dejas ir a ese ser que ama porque si, no, lo haces en el fondo, porque, así como la amas no quieres hacerle daño, no quieres que sufra, no quieres verla llorando. Porque entiendes que cuando eso sucede, sientes prácticamente el mismo dolor que ella.
Es verdad que, al tener esos sentimientos, puedes pensar que todavía esas posibilidades de seguir, tiene alguna validez, pero sacando conclusiones, sabes que el desencanto que sientes y que ha venido creciendo con el tiempo, es una prueba de que no quieres estar ahí, por más que desearías no estar pasando por esa situación tan complicada.
Los sentimientos en muchos casos son difíciles de controlarlos, por más que insistas de que no es así. Todo llega a su fin, cuando menos te lo esperas, es como un puñal a 100km por hora, que no pudiste ver, que cuando te diste cuenta ya lo tenías clavado en tu corazón. Posiblemente el mayor consuelo para esa persona, es pedirle disculpa por las veces te equivocaste y actuaste por impulso, por las veces que no entendiste que las palabras cuando son extremadamente sinceras, duelen el doble y te parten el corazón en mil pedazos.
Pero más allá de todo, tienes que seguir adelante, tienes buscar seguir cumpliendo tus sueños, esa solo ha sido una etapa de crecimiento de tu vida, una época de aprendizaje que por más doloroso que sea para el momento, es una situación que te hará más fuerte en el futuro y que posiblemente te permita evitar tropezarte con la misma piedra.
A las situaciones malas también se le pueden rescatar cosas buenas.
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