Antes que nada, quiero decir de manera muy puntual, que no me voy a referir ni a la izquierda ni a la derecha, ni al capitalismo, comunismo, socialismo o cualquier ideología política. Primero porque entiendo que hay muchas personas susceptibles, cuando hablamos de ciertas ideologías o en esencia del poder, que en sí, abarca muchos aspectos de nuestras vidas, como ciudadanos con plenos derechos.
Creo que, bajo mi punto de vista, el poder desde lo político y religioso, ha sido durante millones de años que tiene nuestra sociedad, una de las grandes causas, para conflictos globales de todo tipo. El poder que en la mayoría de las veces es dado por las personas, que confían su voto y sus esperanzas, en una persona que posiblemente tiene las cualidades para ejercer ese poder.
El poder ha demostrado de manera negativa, que quieran o no, corrompe en mayor o menor grado, no hay sociedad donde la corrupción no haga daño. Claro, en algunos países la corrupción tiene rueda libre para hacer lo que se le venga en gana. El poder ha demostrado de igual manera, que enferma a quien se le otorga y se propaga como un virus de manera rápida y silenciosa.
Por ejemplo, una de las zonas del mundo, donde el poder es mal utilizado y se utiliza a su vez, para beneficiarse y acumular grandes capitales, que terminan en los llamados paraísos fiscales. Es la sociedad latinoamericana, donde en mucho de sus países se evidencia la corrupción de sus gobernantes, esos que cuando están en sus campañas electorales, las cuales considero un pésimo show de supuesta democracia. Hablan de cómo van atacar la corrupción y cómo van a crear un sistema de gobierno que no caiga en la burocracia.
Pero que cuando ya están en el poder, terminan de manera lamentable, siendo cercados por esos mismos poderes que tienen muchos años, viviendo de la corrupción y del abuso de sus ciudadanos. Y como ven, cuando se trata de corrupción, no tiene nada que ver con la ideología política de los gobiernos de turno, sino más bien, esa corrupción es producto de una cultura incubada desde hace muchos años y que lamentablemente ha perdurado en el tiempo.
Nos hemos acostumbrado, a quedarnos callados y ser complacientes, con aquellos que abusan del poder dado por nosotros. Obviamente entiendo que los sistemas de gobierno deben existir, para evitar que esa sociedad caiga en una total anarquía. Pero la gran pregunta es ¿Cómo debe ser repartido ese poder? Posiblemente la solución este en que ese poder sea repartido y no este solo en pocas manos, como sucede en la mayoría de los gobiernos del mundo.
Nuestra sociedad tiene que entender, que cuando se trata de gobernar y de cumplir nuestras responsabilidades como ciudadanos, tenemos la obligación de hacer respetar nuestros derechos por encima de todo. Y no permitir que los líderes que han triunfado a través de discursos que en su mayoría son falsas promesas y que incluso algunos llegan al punto de hacer promesas que llegan a lo utópico.
Ellos son los únicos que se terminan beneficiando de esas mieles del poder, tomando gran parte del pastel y dejando las migajas a sus ciudadanos. Es claro que como sociedad tenemos un gran problema que resolver, a veces las soluciones no van por lo ideológico, sino más bien por el sentido común, ese que está ahí, pero que pocas veces aplicamos.
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El texto publicado es completamente de mi autoría.
