Cuando te conviertes en padre por primera vez. Entiendes muchas cosas que desconocias o que posiblemente no te importaban entender. No apreciabas los detalles y los esfuerzos de tus padres para darte la mejor vida posible.
No haber comprendido, en mi caso. Esa situación, me hace sentirme un poco culpable, por no haberle dado el reconocimiento que mis padres merecían por su esfuerzo por hacerme feliz, que, me imagino que era la misma felicidad para ellos. Tal vez, puedo considerarme un malagradecido por no haberme dado cuenta de algo que era evidente.
A veces, la misma malcriadez, que de niño poseía. No comprendía bajo ninguna circunstancia ese esfuerzo. Sólo daba las gracias cuando obtenía lo que quería, desde un helado hasta un juguete. Mis padres, muy raras veces me decían que no, capaz por eso, cuando niño sólo disfrutaba los regalos y ya. Sin ver, todo lo que tenían que ellos hacer para que yo fuera feliz, bueno, si a eso se le puede llamar felicidad.
Esa malcriadez de la que les hablo, la mantengo pero en una menor medida; mi esposa esta de testigo. Comencé a comprender todo ya muy grande, lo cual, cuando pienso en eso, me hace sentirme muy mal. El nacimiento de mi hijo, me cambio la perspectiva de vida que tenía, donde lo que importaba era sólo yo y nadie más. Ese pensamiento absurdo, fue cambiando en los pocos meses que Sebastián se estaba gestando en el vientre de su madre.
Es como si me hubiesen cambiado el chip de un momento a otro. Comencé a entender que ya no era sólo yo, sino que tendría una prioridad mucho más allá de mi persona. Mientras pasaban los meses, comprando las cosas para el bebé, me fui dando cuenta del sacrificio de mis padres, comencé a darme cuenta, que en esta vida todo cuesta bastante, incluso hasta el mínimo detalle.
Como he dicho en otras oportunidades, tuve que crecer como persona y dejar de ser el estúpido adolescente que solo le importaba salir a fiesta, tomar y divertirse. Ojo, no digo que, yo dejé de divertirme, no, hablo de que mi mundo se expandió de una manera tan extraordinaria, que entendí que habían cosas mucho más importantes.
Ese sacrificio, en realidad lo disfruto mucho, porque para mi la sonrisa de mi hijo, es más que suficiente. Que yo pueda aportarle las herramientas necesarias para su crecimiento, es para mi, un gran objetivo por el que luchó todo los días. Siempre he pensado, que la felicidad de las personas cercanas a mi, es también la mía, porque de igual manera lo disfruto mucho. Capaz la palabra sacrificio, para algunos puede sonar como obligación, pero, realmente no es así, en algunas oportunidades en nuestras vidas, tenemos que sacrificar algo para conseguir otras cosas.
Pero, ese sacrificio que hago, para brindar una mejor vida a mi hijo, a mi esposa, a mis padres, es una situación totalmente enriquecedora, para mi constante formación como persona, por eso, estas circunstancias de la vida, las valoro mucho porque en esencia son parte de mi felicidad.
Capaz, la palabra sacrificio no es la correcta, pero, quien dijo que sacrificarse es malo. Es más en mi país Venezuela, no sólo se sacrifican lo que son padres, sino también esos jóvenes que ayudan en sus casas, para vivir una vida mejor y créanme conozco a varios que lo hacen. Por lo cual, les doy un gran aplauso, por esforzarse por los suyos y por ellos mismos, porque sin lugar a dudas, las crisis son oportunidades.