Sebastián estaba aprendiendo muy malos vicios, incluso peores a lo de su padre, que estaba perdido y sin rumbo. No paso mucho tiempo, para que Sebastián le hiciera daño a las únicas personas que se interesaban en él, que, buscaban ayudarlo a que fuera un niño de bien. Comenzó a escaparse de clase, a pasar todo el día con las malas influencias. Los mayores se aprovechaban de él, por su edad, porque Sebastián no tenía el suficiente raciocinio para darse cuenta, que lo que hacía era muy malo.
Sus amigos, lo influenciaban a que robara a las únicas personas que lo ayudaban, que eran sus tíos. Sebastián no se daba cuenta del grave daño que hacia y mucho menos de las consecuencias que eso traería en el futuro. Durante un tiempo, lo hizo reiteradamente, se había convertido en una rutina dañina y perversa. Un dinero que ni siquiera le quedaba a él, sino que sus amigos, sobre todo los mayores, se lo quitaban. De alguna manera era utilizado para el provecho de los demás.
Un día mientras su tía lo llevo a su casa, para que comiera, Sebastián se metió sigilosamente en su cuarto, buscando la cartera, para quitarle todo su dinero. Su tía lo llamaba para que fuera a comer, Sebastián no respondía, así que, su tía lo decidió buscar. Cuando por fin lo encontró, no podía creer lo que veía, Sebastián estaba revisando sus cosas, ella decidió sorprenderlo, por lo cual, espero afuera a que terminara de robarla. Cuando Sebastián sale confiado de que había logrado el robo, su tía lo asusto y le dijo con una tristeza en sus ojos: “Ya vi que me robaste, busca tus cosas que te voy a llevar a tu casa, no quiero saber mas nada de ti”.
Sebastián llorando le suplicaba a su tía que lo perdonara, pero ella estaba decidida a no hacerlo. Ella siempre se daba cuenta, que le faltaba dinero, pero se negaba a pensar que fuera su propio sobrino, que la robaba. Esa situación, hizo por primera vez darse cuenta, que estaba haciendo algo malo. Cuando llego a su casa, su padre no estaba, Sebastián no quería salir, no tenía ganas de nada, pero también, pensaba que no quería ver a su padre alcohólico. Por ello decidió irse a la calle, como estaba mal acostumbrado y se encontró a las malas juntas de siempre. Sebastián le contó lo que había pasado con su tía, mientras ellos se burlaban de él, porque lo habían descubierto.
Sebastián siguió la rutina de siempre, fumar y robar, ahí decidió integrarse a una banda de delincuentes de la zona. Si, su vida estaba hecha un caos, para ser tan joven. Ahora estaría mucho peor desde el momento que se integró a la banda, abandonando su casa de manera definitiva, viviendo prácticamente en la calle con solo 10 años. Sebastián había crecido muy rápido para la edad que poseía, su vida estaba destinada a terminar como todos lo que pertenecen a ese mundo criminal; irremediablemente metido en una urna.
En el transcurso de su vida, todo dio una vuelta de 360 grados, todo cambio posiblemente para mejor, comenzó a conocer personas que lo llevarían a un camino distinto, donde él se encontraría con su verdadera pasión, esa que estaba ahí, pero que Sebastián no lo reconocía para el momento.
Ultimo capitulo.
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