contemplo el caos reinante en esta putrefacta sociedad;
anarquía de un sentimiento huérfano,
subyugado por la tranquilidad de la ira que mora en mí.
devorado por el festín degustado de mis años,
sociedad que se rige por caretas que no muestran
sus rostros, condenados al compás decadente
de la monotonía de su marcha fúnebre,
dirigidos como marionetas, cual borrego al matadero.
en una pantalla, dejamos de sentir la lluvia y reír,
ignoramos al radiante día,
solo por seguir mirando el suelo.
desprenderme de toda postura impuesta para así,
distinguirte desde la multitud,
solitaria esperanza que
acompaña esta frágil visión.
Agradecimiento especial: