Transito por este lugar obligándome a recorrerlas (y recordarlas), desde mi perspectiva,
sin involucrar tanto al corazón.
Apacible y cálida brisa, rozándome el rostro.
Casi por inercia llego hasta el mar,
lo enfrento,
porque después de todo su inmensidad también implica nostalgia
soledad de quienes han venido, lo han amado y se han marchado
y ahora mismo le recuerdan como un boceto
gris y lejano.
No le temo, ya no le huyo.
"Dos soledades hacen una compañía" - Solía decir [me] , alguien.
Y nos encuentro.
Nos reconozco.
Inciertos. Imprecisos. Inestables.
Y nuestros.
Le hablo, me escucha.
Callo, le escucho responderme de manera taciturna. Le entrego mis males y él, generoso, no me deja quedarme con los suyos. Es el momento en el que puedo ser yo misma, o dejo de serlo.
Vuelvo a tus calles, Oviedo. Ciudad monótona, te le haces demasiado inmensa a la chica claustrofóbica que se siente extranjera en un lugar donde siempre creyó pertenecer.
Todas las cosas que al mar tiramos nos la devuelve la marea.
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