La cultura es un derecho humano universal. Afortunadamente, Venezuela le dedica un capítulo entero dentro de su Constitución Nacional para definir lo que es la cultura, sus derechos y sus deberes. Por tanto, la expresión cultural es un derecho, en cualquier universo de las ideas, creaciones u obras (literarias, artísticas, musicales, tecnológicas, etc.). No obstante, también gozamos de una Ley Orgánica de Cultura, donde se defiende y garantiza la promoción, producción, inversión y divulgación de las obras de los autores.
Además de esto, el Estado también es garante de poner a disposición de los venezolanos políticas culturales que propicien la recreación cultural, con festivales internacionales bien sea del libro, teatrales, conciertos gratuitos, exposiciones tecnológicas, entre otras, pero lamentablemente todas estas ideas están cargadas con matices políticos.
La idea es buena, promoción cultural, hurra! Pero pareciera estar dirigida a determinado público y con determinada ideología. O las personas que corrieron con la suerte de estar produciendo sus obras con instituciones estatales, las mismas tuvieron que ser moldeadas (quizá) a las directrices de la ideología que se busca implementar.
Entonces, ¿verdaderamente la creación cultural es libre como lo indica el artículo 98 de la carta magna venezolana?