Sabes qué es divino al salir del trabajo o de clases? Tomarse un café.
Sentarse en alguna plaza con tu sagrado líquido negro, o espumoso, y obsercar el pasar de la gente. O dentro de la tienda donde lo adquiriste, sentada cerca de la ventana y ver el transcurrir del día para los demás, en sus apuros, mientras disfrutas de tu café tranquilamente.
Es darse un cariño, una cita con uno mismo, una conversación sin palabras. Sólo estar en calma y equilibrarnos.
Quizá lo haga para esperar que el bululú de la gente en el Metro de Caracas baje un poco y poderme ir a casa relajada, sin tanto sauna corporal jajaja.
Pero en síntesis, tomarse un café sin compañía no es un acto de soledad. En un reencuentro que necesitamos todos, explorarnos, pensarnos, vernos, sentirnos, acompañarnos.