Volví a soñar y cuando desperté, lo que vi no me gustó nada. Volví a soñar y me despertó el dolor de la realidad que me sacó al fin de una utopía donde nunca pasaba nada. Me desperté en olor a mugre de una vivienda con paredes desconchadas y mohosas.
Mi olor al igual que el olor de todo lo que me rodeaba era nauseabundamente humano y húmedo del calor pegajoso que ya no conocía fases, me vino todo a la memoria después del cálido sueño donde todo estaba bien, donde no pasaba nada.
Sin medicamentos y la comida escasa y fuera de fechas, bastante es que hubiera sobrevivido a las fiebres, sólo, con apenas agua en medio de ese largo e infernal verano que se había convertido la vida.
En la calle, lo de siempre, los supervivientes se aferraban q cultos ascentrales que iban cambiando en cada señal, en cada nueva promesa no cumplida, en cada nuevo paso al caos inminentemente absoluto.