Casi me ahogo sin luz.
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!Hola, mi gente de Steemit!
Estuve dos laaaargos días sin electricidad en la casa. En la mía, porque en otras zonas de Caracas estuvieron más de 100 horas a oscuras. Y la mayoría de los estados de Venezuela se desconectó, por casi una semana, de las bondades de la civilización. Fue nuestro famoso apagón.
Aunque suene aterrador no tener acceso a Internet, telefonía, iluminación, gasolina, y en muchos casos, agua potable y cocina, la verdad, nosotros no la pasamos tan mal.
En casa, donde habitan dos adolescentes, no tener entretenimiento digital, ni audiovisual, fue lo más grave. Pero, aprovecharon para dormir, y sobre todo compartir con un grupo de amigos vecinos, con quienes recuperaron los juegos de cartas y retos.
Mi esposo y yo leímos a la luz de las velas, cocinamos, practicamos yoga, arreglamos las cosas pendientes de casa y recibimos a los familiares que pasaban de visita. Tipo vacaciones playeras, pues. Sobre todo en las noches, que resultaban tan parecidas a las de mi pueblo costero Adícora, donde siempre falta la electricidad, y los mosquitos no dejan de atormentar los sueños.
Al tercer día empezó a llegar la electricidad. Pero de forma intermitente. Iba y venía. Te enterabas por lo gritos colectivos de alegría cuando regresaba y por los insultos estruendosos cuando se cortaba el suministro. Imposible evitar la gracia que provocan nuestras reacciones ante lo que para algunas sociedades puede resultar insostenible.
El asunto es que la verdadera sensación de angustia me agarró, no por la falta de energía eléctrica, sino por la falta de agua. Las consecuencias de una sequía dibujaron un escenario de guerra en mi imaginación. Y ahí vino “la caída”. Se apoderó de mí el terror, por lo tanto, empezaron a aparecer “afuera” las imágenes apocalípticas. Los testigos, digamos.
Allí está lo interesante. A partir de que decidimos salir, tipo comando, con un grupo de la familia a recolectar agua potable, inició la proyección de la película “El mundo sin agua”.
Empecé a ver por doquier carros con envases de todo tamaño para recoger agua. Circulaban motos transportando pipotes, y gente caminando con carretillas cargadas de recolectores.
Inclusive, al día siguiente, vimos a toda una comunidad trancando la principal arteria vial de la ciudad para cruzarla y llegar hasta el río contaminado que la atraviesa, para recoger agua de sus tuberías. Y al otro extremo, a los pies del Ávila, nuestra gigante montaña, se aglomeraba gente en diversos puntos para llenar envases con el agua que brota del cerro.
Descubrí que el Parque del Este, o Francisco de Miranda, uno de los más importantes de la ciudad, está construido sobre 11 pozos subterráneos. Con esas aguas de manantial, durante un operativo oficial de abastecimiento, recolectamos bastante líquido y pude calmar mi frenesí.
Apenas me sentí “abastecida”, empezó a llegar el agua. Activaron el suministro. Ahora tenemos el tanque de casa lleno, agua de manantial recolectada y tres botellones gigantes de agua potable.
Una vez me tranquilicé, se despertó en mí cierto remordimiento conmigo misma. Pues si bien hubo días sin bombeo de agua, producto del prolongado corte eléctrico, nunca hubo un verdadero riesgo de sequía severa, como lo temí y fantaseé.
De hecho, si hubiera calmado mis ánimos y me hubiera mantenido en casa, tan sólo con una precavida conducta familiar de prudencia en el consumo de agua, no hubiera experimentado las situaciones de alarma colectiva que presencié. Porque finalmente, el preciado líquido llegó.
Todo es un proceso. Ha sido el mayor aprendizaje de mi vida. Lo pude detectar durante el parto de mi primera hija. Parir duele, pero es un desarrollo que comienza y termina. Finaliza el dolor y nace el niño. Todo es igual. Basta tener paciencia y confianza en el cierre, en el fin.
Luego de un proceso que inició con la necesidad de usar velas y linternas, tomar baños cortos con tobitos de agua y total desconexión digital, el ciclo llegó a su fin. Regresaron los servicios. Sencillamente, volvió todo a la normalidad. Sí, sin entrar en temas políticos o de gestión pública, la dinámica de la vida urbana retornó.
Ahora que he retomado el control de mi estado de ánimo, me queda claro el tema principal de este aprendizaje. Y es que siempre podemos escoger cómo transitar una experiencia.
Si no estás conforme con un hecho, ¿lo puedes cambiar? Si no puedes, ¿lo aceptas? Y si lo aceptas, ¿confías en su cierre, en su culminación favorable? Ahí encuentro la lógica para la disciplina mental y el auto resguardo espiritual.
He ahí mi aprendizaje. Me queda el desafío para próximos exámenes.
Gracias, agua, por irte por un rato.