Recuerdo la primera vez que lo dijiste. Sonreías emocionada, llenabas el silencio con palabras aceleradas, te tomé de la mano y nuestros ojos coincidieron. Dijiste “te amo”, no respondí. Estornudé y seguimos caminando.
En otra ocasión me arrullaste con tu voz, estábamos sentados en el tronco de un árbol. Las hojas caían sobre nosotros, yo descansaba mi cabeza en tus piernas, tú acariciabas con dulzura mi cabello. Dijiste “te amo”, no respondí. Comenzó a llover y nos refugiamos en un techo cercano.
Hoy te tuve en brazos de nuevo. Esta vez también en un parque, más o menos. Mis uñas se llenaron de tierra, ensucié sin querer tu vestido blanco. Dije “te amo”, no respondiste. De nuevo tardé demasiado... ¿Quién se muere un maldito miércoles?
Imagen tomada de Unsplash por Evelyn Bertrand