Hay personas que nos sorprenden gratamente, y otras que lamentablemente nos sorprenden de maneras negativas. Hay personas que hacen pequeñas cosas que nos alegran, que nos agradan, y otras que con lo mínimo logran estropearnos el día. Hoy en día hay muchas cosas malas pasando en nuestro entorno, cosas realmente graves, y es realmente difícil mantener una postura positiva. Hoy en día pareciera que el mal está triunfando, pero me atrevo a decir que es solo un momento, que pronto el bien prevalecerá.
A pesar de todo, considero toda experiencia un aprendizaje. De lo bueno y de lo malo siempre podemos obtener un beneficio: aprendemos de ello. Aprender, por bueno o malo, siempre representará un beneficio. Te hace ser más cuidadoso, más dedicado, más centrado... Te ayuda a crecer en muchos aspectos. Entonces, vivir malas experiencias puede lastimarnos o herirnos profundamente, pero... ¿Por qué quedarnos encerrados en esa oscuridad, cuando bien pudiéramos sacarle provecho a esas experiencias y ser mejores personas?
Si has vivido alguna mala experiencia no permitas que esto transforme radicalmente la forma en la que vives, en la que piensas, en la que sueñas... No cambies tu forma de ser, ni tu ser en sí. Se tú mismo, y si por casualidad te topas con alguien que te ofende o te lastima, sigue siendo tú. Personas malas hay en el mundo, y si permitimos que estas nos transformen en seres inhumanos, fríos o sin sentimientos, ¿no habrán ganado ellos? Si nos convertimos en seres infelices, ¿no nos habremos convertido en ellos?
Se la luz en la oscuridad, ayuda a quien no te lo pida aunque se encuentre en una situación donde necesite una mano amiga. Quizás, haciendo ese poquito, poniendo ese granito de arena, logres alegrar a alguien que ha pasado por un mal día, o que ha tenido malas experiencias en su vida.
No es que vivas para los demás, pero al menos vive para cambiar el mundo.