Este es otro día,
otro día de llanto,
otro día para pensarte,
otro día de ausencia,
¡este es otro día en el que ya no estás!
Me he refugiado en mis pensamientos,
me he ahogado entre mis lágrimas,
me he acostumbrado a no verte.
¡Mi alma llora,
mi corazón te busca,
mis ojos te inventan,
mis labios susurran tu nombre!
Y aún sigo aquí,
ante mi dolor,
ante tu ausencia,
ante la falta que dejas tras tu paso,
tras tu huida…
Dejaste un vacío imposible de llenar,
dejaste un alma rota,
dejaste huérfanos a tus hijos,
esos que habías acogido bajo tu sombra,
para pintarnos una familia,
para brindarnos un hogar.
Abandonaste el santuario,
dejaste las celdas vacías,
los poemas escritos en las paredes.
El tiempo lo consume todo, ¡lo acaba!,
todo se derrumba por la falta de atención,
por la falta de tu mano creadora,
por la falta de tu inspiración.
Siento que me hundo en el dolor que dejaste,
que me transformo en esa vieja imagen pálida de la que hablaste,
sin forma ni mayor sentido que el dolor,
me siento sumida en ese extraño universo,
donde nadie puede llegar,
donde nadie puede entender,
donde somos víctimas del pesar,
y nadie nos puede alcanzar…
Quisiera poder dejar de llorar en silencio...
Dejar de pensar,
congelarme en el tiempo
hasta llegar a tus brazos
o hasta morir en el intento.
Esperando encontrarte en la otra vida,
poder abrazarte como en esta me negaste,
me despido de ti querido padre, querido Invierno.
Dedicado a la memoria de Christian Valdivieso, gracias por brindarnos un hogar cuando más perdidos estábamos.
Fuente de imagenes: Portada por Christian Valdivieso, separador