Teneos que reconocer que todos los días necesitamos de Dios, para todo lo que hagamos o pensemos hacer, necesitamos su ayuda. Y es la humildad de nuestro corazón la que nos hace reconocer tal hecho, saber que Dios es primero y que su ayuda es indispensable para nosotros no nos hace débiles, todo lo contrario, nos va a hacer más fuertes, porque cuando nuestras fuerzas no sean suficiente para enfrentar las adversidades, entonces Dios nos inyecta sus fuerzas, y eso no es una resta, sino, una suma, así que nos hacemos más fuertes con las fuerzas y ayuda de Dios.
Por eso el Salmista decía estas palabras llenas de humildad. "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuando vendré, y me presentaré delante de Dios?" Salmos. 42: 1 y 2.
Seamos humildes cada día, dejemos la arrogancia a un lado y reconozcamos que necesitamos a Dios en todo momento. De eso depende nuestro éxito, es Él el que nos sacará victoriosos de toda mala circunstancia que se nos presente en el camino. Reconozcamos nuestras debilidades delante de Él, y juguemos a los súper héroes sólo en los cuentos infantiles de nuestros pequeños.