Feliz noche para todos.
Ya disfrutamos este día, es momento de agradecer. Sabes que a Dios lo mueve un corazón agradecido, humilde, sincero, limpio. Un corazón que viva por y para Él, que no se contamine fácilmente por las malas cosas que suceden a nuestro alrededor, si no que reciba con humildad su palabra, aunque cueste y sea dura muchas veces. En el corazón guardamos muchas cosas, allí se agolpan toda clase de sentimientos, lo que nos obliga a tener cuidado aun de nosotros mismos. Es por ello que debemos saber y estar atentos de las cosas que acumulamos en él.

Cuando agradecemos a Dios cada cosa que nos sucede, aun las más dolorosas, las que nos buscan dañar, las que sentimos que se nos escapan de las manos, esto nos ayuda a liberarnos de todos esos malos sentimientos y actitudes que nos contaminan, que nos ahogan, y empezamos a sentir esa paz que necesitamos y que debemos tener cada día en nuestro corazón. Estar en paz con nosotros mismos es estar en paz con todo el que nos rodea.

Seamos agradecidos! Dios no desprecia un corazón contristo y humillado. Cuando vamos a Él con corazón sincero, agradecido, Él se mueve a misericordia y nos ayuda, Él ve por nuestro bienestar, pero está esperando que seamos transparentes ante ÉL, que nos despojemos de lo que nos contamina y empecemos a andar en fe y rectitud delante de Él. No nos quejemos tanto, todo lo que nos sucede tiene un propósito, algo nos enseña cada situación buena o mala que pasamos, las quejas solo hacen crecer el mal del corazón, agradecer es la manera de sacar todo eso y estar en paz.