Hechiceras de miradas cegadoras,
que crean universos y los destruyen.
Volviendo sus pupilas la teoría del todo,
gravedad negra que absorve tu alma
y luego revive tu espíritu entre sus piernas.
Majestuosas de tez lozana y seductora,
cuerpos capaces de la paz y la guerra.
Basta con un roce,
y el auge impregna a los débiles
y la calma invade a los déspotas.
Son ambrosía en el jardín de las delicias,
y ellos bendicen el aroma con magia de Venus,
y se bañan en sus sueños exquisitos,
y se hartan de ellas
hasta nunca quedar satisfechos.
Y ellas mortales,
frágiles, crudas y sumisas,
asedarias de la humanidad,
esculturas de adoración,
y aún así,
capaces de amar a su antojo.