Cuando la noche llega, somos impotentes contra nuestro cuerpo cansado, y la oscuridad natural del mundo nos invita a dormir para que podamos despertar renovados para otro día de trabajo. Pero, nuestros cuerpos no entienden las señales del mundo desde hace algún tiempo, y la invitación a una noche de sueño permanece en nuestro buzón interno, totalmente ignorada. Nuestros ojos no cierran, nuestro cuerpo no se encamina hacia el lecho, nuestras emociones continúan volcadas a la vigilia, conduciéndonos a un esfuerzo corporal sin precedentes. Pero, ¿por qué nos sentimos tan impelidos, en algunos días, a permanecer despiertos? ¿Qué nos conduce a esa "maratón" de seguir alertas? ¿Insomnio? ¿Problemas en la vida diaria? ¿Qué nubes nocturnas son esas que turban nuestra noche? Nos sentimos cansados ... sin fuerzas...
Encendí la tele y la voz monótona del presentador del periódico surgió.
Una voz sin vida, ya total cansada, que tampoco mi atención agarró,
Ante una vida que ya se muestra insulso con esa historia política,
Sin la menor idea de cómo continuar, y si debo, de forma tan inverídica.
Me levanté del sofá, dejé la televisión con sus imágenes seductoras,
Un vaso de agua lavaría mi ansiedad por la búsqueda de noches ejecutoras.
El frío bajaba por la espina dorsal al sorber el gole que me llevaba al ciel',
Sin nubes, sin destinos, completo al sabor del viento y suave miel.
Volví a la tele, con sus tentáculos vacíos que me llevaban hacia adelante;
La sombra de la desesperación de no cerrar los ojos me enredó aún más,
Y perdí la deslumbrante vía a la ciudad de la recuperación embriagante.
No luché más contra eso, y el agua que bebí parecía amargo amonio.
Me hundí en los cojines, bajé el sonido y divague por la habitación oscura,
Infeliz, amargado, degustando cada gota de ese desgraciado insomnio.
¡Saludos,
Publicación del 27 de agosto de 2017.