Las horas que pasan tormentosas y silentes,
A veces rápidas, y a veces aún más con prisa,
Sácanme de los ahoras de paz todavía ausentes,
Sin ni siquiera un pequeño trozo de tu sonrisa.
Sigo adelante en estos martirios tamaños y punzantes,
De un caminar no más seguro en mi trazado,
Olvídome totalmente de mis aires antes calmantes,
Adentrando un asombroso río torcido y cruzado.
¿Y qué hago yo ante la agonía de no saberte aquí?
Triturado de duda sin saber cómo me comportar,
Mirando esta puerta cerrada que un día te abrí.
Tu entrada triunfante ha traído felicidad, temí
Que otro día podrías sin otro menos a mí callar,
Y lo hiciste cerrándomela, y ahora me morí.
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