He tenido una semana de mierda, y aunque ya es domingo, estoy segura de que esta mala racha no está cerca de terminar. Esta situación me ha dado la oportunidad de meditar y recordar con añoranza todos los otros días en que he estado bien.
Nada parece salir como lo he planeado. Me siento atrapada en un circuito de obstáculos que no puedo superar y me sigo repitiendo a mí misma que no podría ser peor, pero la vida me sorprende con alguna otra cosa que me hace caer de nuevo. Café frío y agrio, llegar tarde al trabajo, no tener efectivo en mi cartera, la ausencia de mi novio y ni hablar de la maldita María de Recursos Humanos.
Pero esto no me frena, al contrario, me da más ganas de continuar, los días malos me recuerdan lo importante de los instantes felices, de las risas compartidas, de los besitos de mi amado y me enseñan a agradecer por cada uno de ellos.
“En lo que te enfocas se expande, y cuando te enfocas en la bondad de tu vida, creas más de ella. Las oportunidades, las relaciones e incluso el dinero fluyeron hacia a mí cuando aprendí a estar agradecida sin importar lo sucedió en mi vida” - Oprah Winfrey
Aprender las lecciones de los días malos es esencial para disfrutar más de los días buenos. De igual manera, vas a seguir teniendo esos días terribles (o semanas en mi caso) en los que solo necesitas llorar, y está bien sentirse mal a veces; ya que sin estos sentimientos, no podríamos darnos cuenta de lo importante que es no dar por sentado los buenos momentos. Necesitamos los días malos para inspirarnos, reflexionar, descubrir de qué estamos hechos realmente y valorar todo lo que tenemos. Necesitamos ese balance para vivir en armonía y crecer.
Sé por experiencia propia que los consejos de Oprah no siempre son fáciles de seguir, y que enfocarse en lo positivo no es tan sencillo como parece, nuestro cerebro es complicado y las mezclas de sentimientos no son un algoritmo que podamos resolver tan fácil. Pero para lidiar con eso cuento con amigos geniales que me intentan comprender (o simplemente me dejan en paz, lo cual agradezco bastante también), chocolate, música instrumental y sábanas gruesas en donde acurrucarme.
La vida sin los días malos sería muy monótona, así que cuéntame ¿Cómo lidias con los días malos? ¿Qué provecho has sabido sacar de ellos? Comenta tus experiencias y nos leemos por ahí.