Hola amigos de la jungla de las tribus tokenitas!
Ya sé que dije que no haría más capítulos de esta guía de supervivencia. No hará falta que os recuerde que yo estaba allí cuando lo escribí. Pero, qué le vamos a hacer; ¡me han obligado! Bueno, obligar, lo que se dice obligar… igual no. Podría decir que me lo han sugerido, pero sería faltar a la verdad. En realidad, nadie me ha pedido que haga nada. Y es raro, porque la mayoría de las veces me piden eso; que no haga nada, que bastante mal están ya las cosas. La verdad es que quería darle un toque dramático para ver si eras capaz de llegar leyendo hasta aquí. Y, digo yo; ya que has llegado hasta aquí, quédate un rato conmigo y sigue leyendo, ¿ok? ¡Chachi piruli!
Si no te diste cuenta ayer de que algo raro pasaba en la hucha de las tribus quizás fue porque estuviste muy ocupado en el trabajo y no llegaste a tiempo para procrastinar un rato por internet. Es probable que hoy ya te hayas dado cuenta, pero seguro que no seré yo quien te haga spoiler de lo que te vas a encontrar en tu wallet cuando vayas a mirar las recompensas que has ganado con el fruto de tu esfuerzo, el sudor de tu frente y la conexión wifi del vecino.
Y sí; calderilla. Nos ha quedado el monedero como el cepillo de la iglesia. Chatarrilla, ningún billete y algún que otro botón de chaqueta. ¿Qué ha pasado?
Firme como una “stake” bien clavada al suelo
Así es como nos gustaría encontrarnos todos los días nuestro token favorito cada vez que, café en mano, encendemos la pantalla del pc y comprobamos el valor de los votos recibidos. Firme y valioso.
Pero que un token permanezca mínimamente firme y seguro en su valor no es tarea fácil en una economía tan volátil como la economía de las criptomonedas. El valor de una criptomoneda no puede ir más allá de la confianza que esa criptomoneda, o token, si lo preferís, tenga entre la comunidad que la maneja.
Como dije en el capítulo anterior, la lluvia de tokens no ha hecho sentir algo similar a lo que sintió el pueblo hebreo en el desierto viendo caer el maná del cielo. Y es que mucha gente se ha creído, erróneamente, que el valor de los tokens viene de la nada; que el dinero se fabrica entre los pixels de la pantalla. O como decía la suegra de mi hermano: “¿Vos qué pensás; que la plata la cagan los monos?”. Qué fantástica frase; me encanta. Me fascina conocer culturas del mundo.
Entonces, ¿de dónde viene el valor de un token? Podríamos decir que, básicamente, su valor lo marcan dos factores; Cuánto están dispuestos a pagar por ese token los compradores y cuán interesante es comprar esos tokens.
Ya sabéis eso que dicen de que la culpa es tan puta y mala, que nadie la quiere. Pues esa cantinela se puede aplicar a un token. ¿Os imagináis el valor que puede tener un token a vista de un comprador si ve que todo el mundo trata de venderlo?
Y eso lo saben bien en el equipo de Steemit Inc. que ya desde el primer día decidieron “obligar” a los usuarios de Steemit a recibir las recompensas parte en líquido, parte en lo que conocemos como Steem Power. Y el Steem Power no es más que Steem en stake, gracias al cual podemos tener poder de voto. Pero no solo nos ofrece poder de voto. Además, el hecho de que exista mucha gente que prefiera mantener ese token “retenido”, “clavado”, “estacado”, en lugar de correr a venderlo, da una medida del valor que se le atribuye a esa criptomoneda.
Las nuevas tribus, y sus tokens, comenzaron liberando las recompensas en líquido en su totalidad. Hay gente responsable, los menos, y donde seguro que te encontraré a ti, querido lector, que han estado haciendo stake de esas recompensas, bien en parte, bien en su totalidad. Otros, por el contrario, solo han querido vender. Y entre estos últimos están aquellos que venderían el token a cualquier precio, arrastrando su valor por el fango.
También es cierto que, al calor de las tribus, no ha faltado el oportunista de turno que ha creado un token sin sentido con el objetivo de sacar algún beneficio cortoplacista, mientras se descubre la inutilidad del mismo. Junk tokens o shit tokens, que les llaman. Si has vendido estos nada más recibirlos, no pierdas el tiempo con remordimientos.
Los chicos de Steem-Engine han adaptado su sistema de tokens para que, aquella comunidad que lo desee, distribuya las recompensas de igual manera a como ya venía haciéndolo Steemit Inc.; parte en stake, parte en líquido. Y, tal y como era de esperar, prácticamente todas han adoptado esa medida. Por ese motivo hemos visto mermadas todas nuestras recompensas en Steem-Engine.
La parte positiva, porque hay una parte positiva, es que ahora vamos a disponer de unos tokens más robustos, con un valor que será más estable y que nuestra fuerza de voto, y por ende nuestra capacidad para colaborar con la comunidad, aumentará y así mejorarán también nuestras recompensas por votar contenidos.
Y si aún así no te has convencido, siempre puedes hacer “unstake”, o power-down, para vender esos tokens. La duración de este proceso varía de unas comunidades a otras, del mismo modo que el porcentaje que se envía a stake y a líquido.
Por ejemplo, Hispano-Hablantes reparte las recompensas al 50% en stake y el 50% en líquido, y el tiempo para hacer power-down es de 13 semanas, como con el Steem.