22/07/2013
Madrid, España.
A veces simplemente un "Adiós" no es suficiente. A veces ese fin se extiende a modo de "¿Qué has sabido de...?". A veces desde las sombras y sujeto a nada en particular, espías a ese "punto" al que le has añadido una coma.
Y así comienzan las cosas. Un vistazo y vas a querer más, seguir viendo, sabiendo, descubriendo y hasta hablando; así sea indirectamente con esa persona. Y ya está, te has vuelto un fantasma. Preso del anonimato, obra del pasado y sin llegar nunca a participar en un presente. Eres dueño de las sombras y de conocimientos en los que no se involucran los verdaderos sentimientos ó pensamientos de esta persona a la que ahora persigues.
¿Pero en verdad eres un fantasma?
¿Quieres seguir siendo un fantasma?
Porque, vivir en las sombras sólo te convierte en eso, en sombras. Las cosas se oscurecen y difuminan, se pierde la claridad, la perspectiva.
Y desde ese momento en el que te vuelves una sombra, no hay vuelta atrás.
De las sombras no se obtiene nada bueno.
Sólo dolor y destrucción. Y, al fin y al cabo, no valió la pena, porque lo has perdido todo. La confianza, el valor, la moral y la capacidad de discernir entre lo que quieras creer y lo que está ante tus ojos.
Y es el fin.
Un fin sin beneficios. Únicamente pérdidas.
Algo inevitable en estos casos.
Cuando, por pura casualidad, esto se detenga, no habrá valido la pena el exorcizar a este fantasma.
Alaska.