Es una lástima que ciertas cosas caduquen. Como el otro día, cuando fui a darle una tarjeta de móvil a mi novio, una que no utilizaba desde hacía tiempo y que ahora iba a ser el nuevo número del susodicho y va y me dice la operadora que al no ser utilizada, durante nueve meses, se le había dado de baja. Por esto he impreso lo contado en este blog y por esto aclaro también lo de mis tetas, perdón por ser vulgar: los del hospital volvieron a llamarme para hacerme otra prueba, como a mi hermana, ella fue porque esta revisión era su primera vez, pero yo lo he dejado para más adelante porque en su momento no tenía nada y me he enterado que no hay que hacerse esta revisión anualmente, a ver si va a ser peor.
También quiero contar por qué soy la oveja negra de mi familia, poquito a poco, aunque un resumen es el siguiente: mis padres, trabajador él, ama de casa ella, al principio de los tiempos, querían que toda su prole terminara estudios universitarios, a continuación aprobaran unas oposiciones, para así tener un trabajo digno, para toda la vida y que a partir de ahí cada uno de sus hijos hiciera de su capa un sayo.
Soy la mayor de mis hermanos. Conmigo consiguieron que, cuando iba a cumplir los veinte, casi me matriculara en segundo de psicología, pero me dio por marcharme a Londres y fue entonces cuando de oveja gris oscuro me convertí en negra. Pero para no ponerme pesada voy a irme a ese principio de los tiempos en el siguiente post, así que BSOS DE UNA PRE-K-RIA”.
Vamos a ver, son más de las cuatro y media de la tarde y dentro de un par de horas tiraré para “The office” a darle una clase de español por Internet a Fátima. Ya me hice una tortilla de patatas "deconstruída", por lo mal que me ha salido, debido a la sartén y a mis pocas dotes culinarias, ya salimos Milton y yo a dar una vueltecita, y de paso he llevado papel a reciclar.
Llamó Robe, le contesté con un muy formal: “Dígame”, me contestó con dos berridos y colgó. Me hinché de reír un ratillo.
Bueno, tengo delante “Las cartas de Mar-Garita” y creo que voy a comenzar a copiar hasta llegar a la página cuarenta de dicho relato para así tener un total de unas ochenta páginas que es lo que hemos dicho que debía tener para este fin de semana, setenta y siete en concreto. Antes o después iba a incluir este relato, claro que pega más, si lo miramos desde el punto de vista cronológico, a cuando esté contando mis veintisiete años porque es lo que cuenta, relata parte de lo que viví, sentí, pensé, deseé, desde mayo del noventa y siete a febrero del siguiente año, cuando ya tenía veintiocho. Pero ya he dicho por qué lo hago, como para rellenar, para recuperar el tiempo perdido últimamente. Digo, para aclarar espero, el tiempo que abarca ese relato pero también se va a ver que en unos pocos momentos, sobre todo al principio, hay unos apuntes que hice en el dos mil cuatro y, de ese mismo año, que hizo Robe.
Comienza “Las cartas de Mar-Garita” con una dedicatoria: “A mi padre y mi madre, a mis hermanos y demás familia”, sigue con un texto de Virginia Wolf de “Modern Fiction”: Examine for a moment an ordinary mind on an ordinary day. The mind receives a myriad of impressions –trivial, fantastic, evanescent, or engraved with the sharpness of steel. From all sides they come, an incessant shower of innumerable atoms… so that, if a writer were a free man and not a slave, if he could write what he chose, not what he must, if he could base his work upon his own feelings and not upon convention, there would be no plot, no comedy, no tragedy, no love interest or catastrophe in the accepted style… Life is not a series of giglamps symmetrically arranged; life is a luminous halo, a semitransparent envelope surrounding us from the beginning of consciousness to the end…
O sea: “Examine por un momento una mente ordinaria un día ordinario. La mente recibe una miriada de impresiones –triviales, fantásticas, evanescentes, o grabadas con la fineza del acero. De todos lados llegan, una incesante ducha de innumerables átomos… por eso, si un escritor fuese un hombre libre y no un esclavo, si pudiese escribir lo que eligiera, no lo que debe, si pudiese basar su trabajo sobre sus propios sentimientos y no sobre convenciones, no habría argumento, ni comedia, ni tragedia, ni amor o catástrofe en el estilo aceptado… La vida no es una serie de lamparitas simétricamente dispuestas; la vida es un halo luminoso, un sobre semitransparente rodeándonos desde el comienzo de la conciencia hasta el final…”
Y comienza diciendo: “Martes, seis de enero del dos mil cuatro. Día de Reyes. Son las tres de la tarde y me disponía a preparar la berza y la ensalada malagueña que me dio ayer mi madre, pero en vista de que Roberto y Marcial duermen voy a esperar a ver si se levantan con hambre. Mientras, escribo estas líneas, es evidente, y lo mismo me da tiempo a estudiar un poquito más, al sol. Tenía ganas de ver cómo me expreso ahora que he comenzado a sentirme feliz, a sentirme mejor gracias a pensar, creer, saber que estoy con Roberto y él conmigo –sobre todo-. Luego está que tengo esta agenda desde que comenzó el año pero que no sabía si se la iba a quedar hasta que ayer mi padre me regaló otra como la del año pasado, con las cabañuelas. Ayer traje más música: “Swing”, “Exile”, “Jazz in Paris”, a Irakere y verdiales, aún tengo pendientes tres regalos, por lo menos, antes de la próxima Navidad. Mañana he quedado con Rocío, a las doce en el Zaragozano, en la entrada de calle Larios, para ver un par de academias, aunque creo que voy a guiarme por mi madre, que a Rocío también le parece mejor, en Compositor Lehmberg. En cuanto apruebe las oposiciones quiero seguir estudiando violín y paralelamente el doctorado, después de este, Filología Hispánica, Psicología y ya veremos, lo cual suma unos doce años, por ejemplo
¡Tranquilidad y buenos alimentos! ¡Salud, amor, alegría, bienestar! ¡Libertad!