Miércoles, siete de enero del dos mil cuatro. Ocho de la tarde.
Estoy en casa sola y sin machaco… bueno con el Cono, mi perrito Milton.
Me dispongo a encauzar el tema de mis letras en una especie de ejercicio, más bien intento de mejora de este relato, con el fin de publicarlo y que nos forremos, por seguir al maestro, Roberto, mi compañero desde julio. Ahora me está interrumpiendo la gatita Kundalini.
Lo que está claro, Roberto, es que ayer comí sola porque seguisteis durmiendo un buen rato, que menos mal que Rocío no podía quedar porque no me apetecía salir, a ver si mañana me despabilo, y que he comenzado a escribir hoy haciéndote un homenaje porque ha salido así y pensando en otras personas que pudieran leer esto y no supieran a lo que me refiero, lo explico: “Estoy en casa solo y sin machaco” es el primer verso de un tema de Posturón. ¡Ah! también tengo claro que quería hacer esto, lo imaginé para cuando aprobara las oposiciones pero, bueno, me has animado a no esperar más –aunque la primera vez que le echaras un vistazo me dijeras que no te gustaba porque era falso, y eso puede que, de esta forma, lo aclaremos-, y se me ha ocurrido que así también puedo incluir una especie de biografía de Posturón, de la que te hablé cuando nos conocimos, en mayo, una especie de diario de lo que acontezca hasta que demos por sentado esto que cuento que, en su momento, comenzaba así:
Uno
Surge esta historia una noche de finales de mayo del año mil novecientos noventa y siete, en el Rincón de la Victoria, Málaga, Andalucía, España, la Tierra, el Universo.
Todo ha empezado cuando le he pedido al hombre con el que comparto mis noches y mis fines de semana, Marcial, que abra el libro de Lao Tse, el “Tao Te King”, por una página cualquiera, al azar, y ha ocurrido que han aparecido los apartados veintisiete y veintiocho que, por ejemplo, realizando una locuela relación, corresponden a la edad que tengo y hacia la que me encamino.