Me llamo Mar-garita Bokusu Mina.
Me gusta escribir mi nombre separado por guión porque me define más y, por ejemplo, antes de comenzar el segundo curso de psicología, en la universidad de Málaga, en octubre del ochenta y nueve, emigré a la capital del Reino Unido por un par de años. Sus circunstancias laborales y sociales me influyeron de tal forma que, aún, a menudo, no me explico cómo sigo aquí.
Bueno Roberto, lo que en realidad me habías pedido, por así decirlo, era que comentara o parafraseara unas líneas para ver cómo las contaría hoy en día y yo, lo que hasta ahora modificaría sería, si acaso, la dedicatoria que, en vez de “a mi familia y amistades” es la que ves, solo: “a mi familia” porque, como sabes, la gente que desde este junio conozco también la considero así, por lo que mis amigos son familia también, así me lo han hecho ver aunque esto es ponerme “pesá”, por lo que sigo con lo de Lao Tse, etc.
"Veintiocho: conoce lo masculino, mantente en lo femenino y se el arroyo del mundo. Ser el arroyo del mundo es caminar constantemente por el sendero de la virtud sin desviarse del mismo y retornar de nuevo a la infancia.
Conoce lo blanco, mantente en lo negro y se el modelo del mundo. Ser el modelo del mundo es caminar constantemente por el sendero de la virtud sin errar un solo paso y retornar de nuevo a lo infinito.
Conoce la gloria, mantente en la humildad y se la fuente del mundo. Ser la fuente del mundo es vivir la vida fértil de la virtud y retornar de nuevo a la simplicidad primordial. Cuando la simplicidad primordial se divide, se convierte en recipientes útiles que, en manos del sabio, se transforman en funcionarios. Por ello un gran sastre da pocos cortes.
Veintisiete: el buen andar no deja huella tras sí; el buen hablar no deja marca que pueda criticarse; el buen cálculo no necesita el ábaco; el buen cerrar no precisa cerrojo ni tranca, pero nadie puede abrir lo cerrado; el buen atar no utiliza cuerdas ni nudos, paro nadie puede desatar lo atado. Por ello, el sabio siempre sabe cómo salvar a la gente y, por tanto, nada es desechado, a esto se llama: “Seguir la guía de la luz interna”. Por ello las personas buenas son maestras de las menos buenas y estas están a cargo de aquellas. No alegrarse de la propia tarea es equivocarse de camino por muy inteligente que se sea. Este es un principio esencial del Tao."
Primero he leído, en voz alta, el apartado veintiocho y luego el veintisiete; al primero lo siento más de Marcial, como si fuese él el que lo estuviese leyendo, o sintiendo, o como si lo hubiesen escrito para él o para gente como él; el segundo más mío.
Entonces me da el punto, me da por ahí, al leer lo de “mantente en lo femenino y se el arroyo del mundo” y busco en un diccionario el verbo mantener: 1. Costear las necesidades económicas de alguien. 2. Conservar una cosa en su ser, darle vigor y permanencia. 3. Proseguir voluntariamente en lo que se está ejecutando. 4. Defender o sustentar una opinión o sistema. 5. Estar un cuerpo en un medio o en un lugar sin caer o haciéndolo muy lentamente.