Marina se masturbaba desde chica, desde pequeña –chica y pequeña lo sigue siendo-, y por eso sus padres la llevaron al psicólogo y, al tiempo, intentó suicidarse con pastillas; en el hospital llegaron a creer que se les iba, al cielo.
Después de sus idas y venidas de fin de semana por el Mediterráneo, probó vivir en Las Canarias donde conoció a una pareja de mujeres, vascas también, a un madrileño que estudiaba para patrón de barco, Mario, con el que formó pareja durante seis años, dos de los cuales mientras ella vivía en Londres y él había regresado a Madrid y otros dos mientras él vivía en Londres, trabajando para A. I., y ella había decidido vivir, de nuevo y para siempre, en las Canarias y a Cristóbal, un tipo que decía que fumar heroína, como hacían de vez en cuando, era de maricones, que, como él, debían metérsela por la vena y luego pasar el mono en la calita. No sé qué fue de Cristóbal ni de la pareja de mujeres, aunque se rumorea que una de ellas se volvió loca.
La última carta que recibí de Marina fue hace seis meses. Me deseaba todo lo mejor y que este año que entraba se realizaran todos los deseos que no pude realizar el anterior. Me decía que no pensara que se había olvidado de mí, que aunque no me escribiera estaba de vez en cuando en su mente y siempre lo estaré en su corazón. Me enviaba un beso y me dijo que me quería, también me enviaba un abrazo muy fuerte para Ezequiel, mi primer novio, con el que me marché a Londres en octubre del ochenta y nueve, un año después de haberlo conocido, seis meses como “novios”, dejando la matrícula en segundo de psicología por hacer, marchándome con el corazón roto porque yo amaba a un alemán, un estudiante de Ciencias Políticas en Berlín, al que había conocido antes que a él y él, Ezequiel, se había encaprichado conmigo y no quise perder su amistad, que no su amor. Ezequiel, también por ejemplo, bajito, pequeñito y recuerdos para mi familia. Todo esto lo escribió en un rompecabezas que representaba al dibujo animado del Demonio de Tasmania que hube de reconstruir para leer.