La masacre de la carreta de Málaga a Almería, conocida como la “Desbandá”, es la gran olvidada de la Guerra Civil española, a pesar de ser la peor matanza vivida durante la contienda. “Los muertos, muertos son, pero mientras que el bombardeo de Guernica, con 250, es conocido internacionalmente, el de la carretera de Almería, con 5.000 asesinados, siempre se ha ocultado porque fue una vergüenza para todos”, afirma el historiador Miguel Alba.
A pesar de esta tragedia innegable, incluso ahora que se cumple 79 años de los sucesos, continúa siendo la gran olvidada de la Historia de España, especialmente al norte de Despeñaperros. Alba ofrece la respuesta a esta amnesia histórica: “La Desbandá ha estado políticamente encerrada porque la política siempre quiere llevar a la Historia de la mano. No se ha hablado de esta matanza porque fue una vergüenza para todos, tanto para los fascistas, que fueron los ejecutores, como para la República”.
El periodista e historiador Antonio Somoza amplía el argumento de Alba, indicando que “Málaga, por su ubicación, era muy fácil de defender, pero la República la abandonó”. Tal y como expone Somoza, la capital malagueña sólo tenía una acceso por carretera y por el resto de los flancos estaba rodeada por mar y montaña, “por lo que con los recursos de entonces no presentaba grandes dificultades para ser defendida”.
Sin embargo, desde Madrid, “la República no terminaba de fiarse de Málaga [conocida como Málaga La Roja], porque había demasiados comunistas y anarquistas y no le prestó el apoyo debido”. Somoza relata cómo ni siquiera envío armas suficientes, de manera que los más de 12.000 milicianos que se quedaron en la ciudad estaban indefensos, con apenas 8.000 fusiles y con escasa munición.
“Málaga cayó como un castillo de naipes”, afirma Somoza, al tiempo que la historiadora Peláez se apoya en crónicas de la guerra del periodista húngaro Arthur Koestler, encarcelado por los franquistas tras la caída de Málaga, para ilustrar cómo “ya el 25 de enero se veía la carnicería en que se convertiría la ciudad, indefensa, con bombardeos iniciándose hacia el 5 de febrero y ni una sola réplica republicana”.
79 años después, Málaga Republicana acaba de realizar una reclamación ante el consulado alemán denunciando “los crímenes cometidos por las tropas alemanas, el bombardeo y ametrallamiento de la columna de civiles”, según apunta Máximo de Santos, portavoz de esta organización, que hoy organiza una marcha reivindicativa por la carretera de Málaga a Almería. Una reclamación, por otro lado, que exige al Gobierno español y al Congreso que asuman como propia, si bien se antoja más simbólica que efectiva, pues ya en 1979 Alemania se negó a asumir cualquier tipo de reparación por los bombardeos de Guernica por parte de la Legión Cóndor.
Durante la colocación de una placa conmemorativa por la masacre de la carretera de Málaga a Almería en uno de los túneles donde cayó un obús, García ha recibido esta mañana el homenaje como víctima de aquella huida en la que perdió a su familia. “Me quedé dormida, junto a mi madre, porque estaba muy cansada”, recuerda, “y mi padre, mi hermano y mis tíos continuaron caminando, quedando en encontrarnos en Almuñécar”.
Nunca se produjo tal encuentro y desde Almuñécar en adelante, García cuenta cómo “íbamos destapando a los muertos en las cunetas pensando que quizás sería mi padre”, del que finalmente tuvieron noticias de que había llegado a Albacete, donde moriría años después sin que la familia se reagrupara jamás.
Por su parte, Carmen Aguilar tenía 5 años cuando su familia emprendió la huida bajo los bombardeos fascistas. Los 84 años que tiene ahora han hecho mella en su memoria, pero no lo suficiente para olvidar fragmentos que cuando relata le ponen los ojos vidriosos: “corríamos entre la gente, mi madre conmigo en brazos, y las personas le decían 'tira a la niña, tira a la niña', para que pudiera correr más”.
Aguilar no recuerda muy bien cómo terminaron en Lleida, si fue cogiendo un barco en Valencia, de la que le vienen imágenes de naranjas que devoraban exhaustos por el éxodo, pero lo que no puede olvidar es a su madre, “apartándome la cara constantemente de la cuneta para que no viera a los muertos”, o la noche que “tuvimos que dormir metidas en una calera [donde se elaboraba la cal], mientras seguían cayendo las bombas”.
Tampoco se ha borrado de su memoria cómo durante la travesía hacia Lleida cayó enferma de sarampión y el médico recomendó que no ingiriera ningún alimento por temor a que ello empeorara su estado. Tan al borde de la muerte estaba que sus padres quisieron que al menos comiera algo, sin temor ya a nada que perder. “Mi madre quiso asar una pata de conejo en una estufa y ni siquiera le dio tiempo a recalentarla, estaba tan hambrienta que prácticamente me la comí cruda”, relata. Su estado mejoraría y, desde ese momento y fruto de la promesa de su padre a la Virgen del Carmen si vivía, dejó de llamarse Antonia –como todavía a día de hoy figura en todos los papeles oficiales- y pasó a ser conocida como Carmen.
http://www.publico.es/politica/desbanda-mayor-tragedia-guerra-civil.html
http://www.laopiniondemalaga.es/axarquia/2017/12/15/anselmo-vilar-farero-apago-luz/974475.html
Evitó que los bombardeos se cebasen en el tramo comprendido entre los núcleos de Almayate y Caleta de Vélez
Enrique hidalgo (efe) 16.12.2017 | 05:00
Fotografía facilitada por el periodista Jesús Hurtado de Anselmo Antonio Vilar, el farero de Torre del Mar, natural de Lugo e hijo del que fuese a su vez primer farero de la población, que durante dos días mantuvo apagado el faro
Las más de 120.000 personas que integraron la caravana humana que en febrero de 1937 huía de las tropas franquistas hacia Almería, un episodio conocido como la Desbandá, encontraron a su paso por Torre del Mar un aliado: el farero que apagó la luz y que salvó con ello miles de vidas.
En este núcleo de población de Vélez-Málaga, en el que se concentraron las personas que escapaban desde Málaga y los que procedían del interior de la comarca de la Axarquía, no se produjeron bombardeos ni ametrallamientos por parte de la aviación italiana y la marina del bando nacional.
La culpa de esto la tuvo Anselmo Antonio Vilar, el farero de Torre del Mar, natural de Lugo e hijo del que fuese a su vez primer farero de la población, que durante dos días mantuvo apagado el faro, lo que dificultó que los aviones y los barcos pudiesen ubicarse y localizar a la población que huía en este punto de la costa.
Vilar salvó a muchas personas de las ametralladoras y las bombas, pero su decisión le costó la vida, ya que pocos días después de la entrada de las tropas nacionales fue fusilado, según ha explicado Jesús Hurtado, vecino de Vélez-Málaga e investigador de este suceso.
Hurtado, que ha publicado varios escritos sobre este hecho, ha presentado una iniciativa impulsada por el grupo municipal de IU para homenajear y distinguir al farero y que su gesta no quede olvidada.
Ha asegurado que Vilar fue "un héroe", que al incumplir la principal obligación de su cometido y dejar sin referencia a los aviones salvó a las miles de personas que se ocultaban en la zona en la que se encontraba el antiguo Faro de Torre del Mar, actualmente encajonado entre unos edificios en la avenida Toré Toré.
Ante la falta de referencia, los barcos utilizaron el faro de Torrox, que sí funcionó en los días en los que se produjo la Desbandá y se ubicaron frente a este punto del litoral, que recibió el grueso de los bombardeos, según los partes de guerra estudiados por Hurtado.
El portavoz de IU, Miguel Ángel Sánchez, ha explicado que Vilar tuvo el arrojo de apagar la luz del Faro de Torre del Mar y de "dar luz a la población" que se refugiaba en este punto de la costa, "mientras escapaba de la barbarie".
Sánchez ha manifestado que esta hazaña, que quedó silenciada hasta la labor de investigación de Hurtado, evitó que los bombardeos se cebasen en el tramo comprendido entre los núcleos de Almayate y Caleta de Vélez, en las aproximadamente doce millas de ámbito de influencia que cubría el faro.
La intención de IU es que el homenaje vaya más allá del municipio en el que Vilar desempeñó su labor y acabó sus días y, en este sentido, Sánchez ha precisado que su homólogo en el Concello de Lugo ha conseguido el consenso de la corporación municipal para reconocer al farero en la ciudad gallega.
En el caso de Vélez-Málaga, el portavoz de la coalición de izquierdas ha informado de que el asunto se llevará a la Mesa de la Memoria que puso en marcha hace unos meses el Consistorio para lograr un acuerdo.
"Queremos conseguir el máximo consenso, como ya ha pasado en Lugo, y que este gesto supremo de humanidad quede en los anales de la historia", ha insistido.
IU está abierta a negociar los términos del homenaje, que según Sánchez, pueden pasar por un reconocimiento de Vilar como hijo adoptivo a título póstumo, en aplicación del Reglamento de Honores y Distinciones del Ayuntamiento.