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Se acercaron a la barra, les ofrecí la carta e inmediatamente solicitaron una canción. Pidieron 2 cafés, y esperando su orden, bailaban al ritmo de Dance me to the end of love, en la voz de Leonard Cohen. Cuando el lugar estuvo repleto, las luces, miradas y melodías, aún se fijaban en ellos.
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Me contaron su historia: se conocieron en la universidad, eran músicos, sin hijos y aquel día, celebraban su cuadragésimo aniversario. Dedicaron su vida a viajar, trabajar arduamente y conocer cafés de todo el mundo. Hacía una semana habían decidido residir en la localidad.
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Invitó la casa.
Visitaban el día 05 de cada mes, sin falta. Pero, a mi sorpresa, se ausentaron por dos meses. Fue en enero cuando vi a Ariel entrar al local y me apresuré en recibirle.
Sin titubear, pidió la canción de la primera vez y colocó mis manos alrededor de su cuello.
"Se ha ido" susurró al tiempo en que sus lágrimas resbalaban en mi hombro. "Se fue para siempre", sollozó mientras se desvaneció en mis brazos.
and dance me... to the end of love.
Fin.
El presente, es el primero de una serie de microrrelatos que realizaré bajo el título Diario con aroma a café... Historias corrientes, personajes reales, sentimientos puros. El día a día de los transeúntes que se detienen a pedir un macchiato o un ristretto y viven, viven a sorbos, contando sus anhelos, alegrías e infortunios.
¿Su autora? Quien les pregunta "¿Una o dos de azúcar?"
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