Observaba el universo a través de sus cabellos.
Ella lo sostenía fuertemente en su pecho.
Sujetándolo firmemente con sus cansados brazos.
Una carga dirían muchos, pero para ella no existía nada tan valioso,
como ese tesoro entre sus brazos.
Mientras él seguía descubriendo el mundo a su alrededor.
Su mundo, el mundo de ella.
Lleno de peligro y sufrimiento.
Un mundo tan difícil, qué ya nadie quiere vivir en el.
Tan oscuro, donde nadie puede observar la belleza de la vida.
Tan toxico, qué no deja respirar.
Tan marchito, como los corazones que allí habitan.
Pero tan nuevo y deslumbrante a sus ojos,
que él solo logra ver hermosura en tanto caos.
Y ella lucha, ella trata, ella intenta desesperadamente
protegerlo y cuidarlo de cualquier daño.
Porque su corazón marchito floreció nuevamente gracias a él.
Porque su vida estaba perdida antes de él.
Y con su llegada logró llenar su vida de esperanza.
Trajo felicidad, ternura, amor e ilusión.
Algo que para ella ya estaba perdido.
Él, con sus ojos y su tierna mirada.
Él, con sus labios sonriendo para ella.
Él, con sus manos en su rostro.
Él, y sólo él.
Su bebé, la hace querer seguir luchando.