Te busco entre páginas de libros, entre días grises como el de hoy,
en el vacío que a veces siento en mi pecho,
en la sal de lágrimas que ciertas noches me ahogan,
en el dolor que me causa tenerte tan lejos.
Sigo buscándote en el recuerdo de tu espalda cuando te alejaste de mí,
al final de cada pesadilla, cada vez que siento miedo,
en cada destello de felicidad que ilumina mi vida,
entre la multitud de la gente, intentando ver tu rostro.
Esas ganas de sentirme segura entre tus brazos,
de querer seguir tus pasos, de amarte sin control,
de ser siempre tu princesa y tu mi príncipe azul,
de esas largas noches contándome historias.
Sigo viéndote en mis sueños, donde puedo estar junto a ti,
cada parte de tu rostro surcado de marcas, de experiencia y sabiduría,
la textura de tus manos robustas, llenas de cicatrices de tanto trabajo duro,
tus brazos tan fuertes, capaces de sostenerme cuando era pequeña,
haciéndome sentir que a tu lado podía alcanzar el cielo.
Pero en un día como hoy, tan gris y nublado,
donde gotas golpean mi ventana, y nublan mis ojos,
solo en el recuerdo de tus besos sobre mi frente,
en tu mano sobre la mía guiándome hacia caminos desconocidos,
en los paseos al parque, en las largas caminatas que hacíamos juntos,
en tu hilarante forma de ser, en tus sonrisas contagiosas,
en el amor que profesan tus ojos, en el orgullo que vi en tu rostro aquel día...
Solo ahí te encuentro.
Te encuentro a ti, Papá.