Toda vida está repleta de ilusiones y por consiguiente de desilusiones; siempre estamos en constante riesgo de decepcionarnos: en el amor, con los amigos, con algunas situaciones, con la familia, sencillamente con todo.
Cada decepción en la vida es como una puerta que se cierra pero aun así no debemos contemplar ni preguntar porque se ha cerrado, recordemos que por cada puerta que se cierra son muchas las que se abren, solo es cuestión de aprender y de continuar.
Y es que a mi punto de vista creo que todas las decepciones nos afectan considerablemente a todos, pero lo que más aflige no es ella como tal, sino más bien ver las ilusiones rotas y sentir esa tristeza que invade al corazón, por eso “cuando la razón indique decepción hay que darle paso para que no sufra el corazón.”