Decidí escribirte estas líneas para decirte algunas cosas que he descubierto ahora que te conozco mejor. Siempre tuve temor de verte, como comprenderás, no son muy buenas las cosas que se han dicho de ti.
Recuerdo bien la primera vez que te vi, estabas en ese pequeño ataúd de 70 cm en la sala de mi casa, ese día no pude mirarte a la cara, solo sabía que mi hermana lloraba porque por ti, estaba sola la cuna de su bebé.
Años después pude verte un poco más de cerca en aquel cuarto junto a él. Ese día solo había silencio y una calma abrumadora.
19 de abril nos presentaron al fin, te vi de frente en la pantalla reveladora de un consultorio médico, estabas justo en la pequeña mancha de la tomografía de papá, tu nombre no lo sabía, el doctor solo te llamo cáncer.
Querida muerte, te he visto a los ojos desde aquel septiembre cuando tu por primera vez miraste los míos, no se aún porque motivo esquivaste mi mirada, pero desde entonces se que sigues conmigo.
Ahora han cambiado un par de cosas, muchos han sido nuestros encuentros en esta vida y con ellos entendí que no te debo nada, ni tu a mi, aprendí a no bajarte la cara, a mirarte directo a los ojos. Vi que no eres tan aterradora como dicen, no, realmente no eres tan fea, muy por el contrario eres una gran maestra. Comprendí tu lección más grade; que aunque te has llevado tanto, no me has quitado nada.
Hoy te escribo estas líneas querida muerte para decirte después de todo, que ya no te tengo miedo.
Posdata : Se que vendrás de vez en cuando mientras viva, no te cerraré la puerta, seguiré esperandote para ofrecerte un café y como siempre te pediré que vuelvas luego. Hasta siempre querida muerte.