El jefe llegó, con el tráiler (trabajaba en un foodtruck), excusé mi apariencia con la lluvía, y en cierto sentido lo comprendió, y me explico el mecanismo de trabajo. Como el tráiler era pequeño, dejé el bolso con mis cosas en la puerta del tráiler. Por alguna razón mi celular no quería encender, y me preocupaba no poder comunicarme, no le presté la mayor atención, e inicié la jornada laboral.
Mis actividades consistían en ofrecer el menú, explicarlo, mantener el lugar limpio, servir los platos, y llevar la caja. Era mucho más relajado que el anterior, y el lugar me encantaba, sin embargo el frío me estaba matando.
Terminó el día y “todo había salido bien”, hasta que al ir a buscar mi bolso con mis cosas me di cuenta que se lo habían robado, jeje. Sí, mi primer día de trabajo me robaron mis patines, y mi celular no reaccionó más. No aguanté y me puse a llorar, esos patines tenían gran valor sentimental para mi… Y mi celular… Que complicado todo, carajo. Ya eran eso de la 1 am, tomé un taxi hacía el apartamento, rogándole al cielo que acabara ese día tan horrible. Llegué, pagué, y justo cuando iba a entrando al apartamento noté que había dejado mi monedero con mis documentos en el carro, habían 50.000 pesos allí, pero eso era lo de menos, mi pasaporte… Fue allí cuando me derrumbé.
Días antes había perdido además 185.000 pesos, puesto que era mi pago del trabajo anterior, esa noche salí pasadas las 7pm, me aseguré varias veces de llevar todo, debía cruzar el centro de Medellín, pero al llegar, y de alguna u otra manera simplemente no tenía el dinero. No encontré explicación puesto que había sido lo más precavida posible, así que decidí superarlo, y tomarlo como experiencias que había que aprender al vivir sola.
Al parecer mi vida se había convertido en la máxima expresión de la Ley de Murphy , quién sea que la estuviera gobernando, se estaba divirtiendo mucho conmigo, ya en este punto me sentía devastada, y que quizá no era capaz de salir adelante, me sentía un completo, y total fracaso. Si antes me sentía hundida, ya estaba tocando fondo.
Aunque a estas alturas sea tan fácil contarlo todo,
mientras lo vivía sólo podía ver cómo se me caía el mundo encima.
Ciudad del río
Poco a poco iba todo iba estabilizándose de nuevo, realmente trabajar en un parque era terapéutico, Medellín es una ciudad capaz de enamorar a cualquiera, llena de tesoros escondidos, un clima hermoso, y miles de destellos nocturnos en sus montañas.
Esta hermosa ciudad nos fue enamorando, con cada una de sus calles, plazas, historias, aprendimos a conocerla, como vas conociendo y enamorándote de una persona, hasta que ya no quieres dejarla más. Los días empezaron a ser hermosos, y la ciudad nos sonreía.
Estábamos a pleno invierno, donde llovía todos los días, casi que a toda hora, el frío era intenso, y aunque compramos una sombrilla, siempre se nos quedaba en casa, y terminábamos mojándonos en el camino de regreso, pero era el camino más divertido y gracioso.
Ya nuestra economía estaba mucho mejor, no nos sentíamos tan presionados, y decidimos empezar a disfrutar. Conocimos muchos lugares fantásticos, de hecho, un día decidimos ir por la calle y parar en cada establecimiento que nos llamara la atención a probar una cerveza o trago diferente, y fue una de las experiencias más divertidas ¡Que se repita!
Este fue fue el último lugar en nuestro recorrido de cervezas, a diferencia de que aquí pedimos Jack Daniels y Smirnoff para finalizar la noche. El lugar se llama Arkanos Rock, recomendadisimo.
Y estas son de otro día, de un lugar bonito que queda en el camino del tranvía, donde te dejan poner la música que quieres escuchar.
Ya por fin podía contarle a mi familia la realidad, callaba muchas cosas para no preocuparlos, para ellos casi todo estuvo bien desde el inicio, y como pueden ver no fue para nada así. Pero con mucha determinación, se puede salir adelante ante las adversidades, ¡y lo logramos!
Al igual que en el POST anterior de esta historia, les dejaré mis aprendizajes y consejos resultado de esta experiencia.
Primero que todo, no retes al destino con "no podría ser peor", porque siempre puede serlo.
En entre las leyes indues de la espiritualidad existe una que dice: "Lo que pasó, es lo único que podía haber pasado", por lo cual, lo único que podemos hacer con las malas experiencias, es aprender de ellas.
Aunque todo fue muy duro en su momento, decidí creer que simplemente eran cosas que debía aprender tarde o temprano. Hasta sentía un poco de alivio, al ver que aunque todo estaba saliendo mal, realmente me estaba preparando para que todo empezara a salir bien. Y ese es mi consejo, que acepten las experiencias sin importar lo malas o buenas que estas sean, y decidan aprender de ellas.
Cuando todo está "mal", las cosas solo pueden mejorar, y una forma excelente de hacerlo, es disfrutando de las cosas más pequeñas, esas que te ofrece la vida sin pedirte nada a cambio. Recuerdo caminatas frías por la noche, donde me sentía tan feliz de estar en un lugar tan hermoso, viviendo una aventura que antes no habría imaginado. Una manera de poder disfrutar de las cosas grandes, es empezando por las pequeñas.