Fotografía tomada por
Como saben, soy de Venezuela, muchos podrían deducir que es a razón de los apagones, las fallas de internet, y ese sinfín de factores que podrían imposibilitar mi constancia en la plataforma, pero no, va mucho más allá. Obviamente estos factores influyen, pero no son el principal motivo, total no dependemos de internet, o una computadora para escribir. Y esa es la verdad, aún sin fallas eléctricas, y un internet medianamente estable, apenas interactuaría un poco más.
El motivo de mi ausencia es un bloqueo emocional que me ha estancado, puedo pasar horas intentando escribir un párrafo, pero no, no sale nada. Lo cual es realmente triste, pues una de las cosas que más me apasiona es escribir, quisiera mostrar distintas formas de ver el mundo, y transmitirles muy buenas energías; pero eso está un poco lejos de mi alcance en estos momentos. Para hacer más fácil su comprensión, contaré una breve historia de lo que ha sido mi vida los últimos meses.
Como les comenté, soy abogada, en el 2017 a mediados de abril, inicie mis pasantías en una firma contable, donde ejercí Derecho Mercantil por tres meses, y al finalizar el periodo, la empresa decidió contratarme, hasta allí todo bien, pero fue donde conseguí una dura realidad.
Durante el desarrollo de mi carrera universitaria decidí no trabajar con el estado por decisión propia, y dedicarme al derecho privado únicamente.
A pesar de trabajar con el derecho privado, debes prestarte a toda la corrupción que maneja el estado para poder llevar a cabo algún procedimiento y conseguir finalmente que te otorguen documentos, cabe destacar que para mi no era nada difícil, pues trabajando en nombre de una compañía de alto prestigio en mi ciudad, se abrían muchas puertas; pero tengo valores y convicciones muy bien definidas, lo que me impedía sentirme a gusto con tal situación llena de injusticias y corrupción.
Ya en julio, presenté mi Tesis de pregrado, donde obtuve un resultado satisfactorio de 20 puntos, un proyecto en el que puse mucho empeño junto a mi compañera de tesis, y tuvimos un excelente tutor. Pero cuando, ello debía significar para mi un momento de gloria, la desmotivación había empezado a hacer presencia en mi ser; sentí que todo pasó por debajo de la mesa, y para ser sincera tan feliz no me sentía.
Continué trabajando hasta septiembre, ya que decidí renunciar para explorar nuevos horizontes junto a mi pareja, el destino escogido fue Medellín (tengo muchas cosas bonitas que contar de esta experiencia, pero esta no será la ocasión), y emigramos juntos, pasamos 4 meses en esta hermosa ciudad donde hubo muchos momentos buenos, pero también malos; conocimos varias personas buenas, y otras de las que prefiero ni hablar ya. Fue toda una aventura de la que aprendí muchísimo, y me hizo crecer.
En enero, un conjunto de factores (entre ellos mi acto de grado que correspondiendo a noviembre del 2017, fue reprogramado para febrero del 2018) sugirieron que era momento de regresar a Venezuela por un tiempo, pero tristemente me encontré con que ya estando acá, mi acto había sido suspendido de nuevo, simplemente porque el Ministro de Educación no quería firmar los títulos ¿Qué tal? Finalmente 9 meses después de haber culminado mi carrera, en abril, fue mi acto de grado.
Actualmente me encuentro en Venezuela, literalmente viendo qué hacer con mi vida; lidiando con la presión de mis padres, un país colapsado, una carrera que no me sirve fuera del país, una economía más inestable que yo, y la nostalgia de todo lo vivido en Medellín.
Actualmente no estoy siendo la mejor versión de mi, me desconozco, y me siento aturdida, sola.
En estos momentos me encuentro en la búsqueda de mi tranquilidad, estabilidad, pero no ha sido fácil, no me siento comprendida, y las cargas están acabando conmigo.
Es algo difícil ver como tanto tiempo y esfuerzo terminan valiendo de nada, cómo todos se creen con el derecho de meterse en tu vida y juzgarte; al parecer todos piensan que estuve 4 años en la universidad esforzándome para quedarme haciendo nada ¡JODANSE TODOS!