La tos me invade y es lo de menos...
En esta noche fría, solitaria y consumida por el humo del cigarrillo que reposa entre mis dedos, es lo de menos. Tal vez solo sea el pase que mostraré para dejar atrás este mundo lleno de injusticias, desgracias, sufrimientos y dolores continuos. Ah, ¿ya adivinaste? sí, de pulmón. Hoy recibí la noticia. Nunca en mi vida había tocado un cigarrillo, y cuando me enteré, mi primer impulso fue alejarme de todos y comprarme una cajetilla de Marlboro. ¿Ves a lo que me refiero cuando hablo de injusticias? ¡Malditos fumadores que no los ha acechado el cáncer! Malditos pulmones míos que no quieren seguir funcionando.
A decir verdad, creo que estoy huyendo: del rostro pálido y asustado de mi esposa, de la mirada del médico, de quedarme acostado en la cama de un hospital mientras espero que la muerte toque mi puerta y sin más remedio, salga a recibirla con los brazos abiertos y esta tos incontrolable. Ja, ja, ja, que estúpido. Como si caminando en contra de todos, mirando el sol del atardecer, fuera a dejar atrás este cuerpo enfermo, esta vida que sorpresivamente me contó el final del cuento.
Lo acepto, ¿vale?
Acepto que tengo cáncer, y que tendré limitaciones y que voy a morir joven como consecuencia de esta enfermedad a excepción de que ocurra un milagro y sé que no va a ocurrir aunque me gustaría creer que sí, ¡Pero vamos!, la realidad para la gente como yo es otra. Para la gente que no fuma, no bebe alcohol y trata de hacer bien las cosas cada maldito día. La gente que se desvive por hacer feliz a su familia y actúa diferente al resto para que este jodido mundo no se joda aun más. Simplemente lo acepto, pero ¿Por qué estoy aquí solo, contemplando el cielo nocturno, mientras el humo de un hábito que no tengo vuela en todas direcciones, trepando fantasmagóricamente entre una luz naranja? ¿Por qué estoy aquí, sujetándome el pecho porque me duele el corazón si lo que debería dolerme son los pulmones? Lo acepto, de verdad... solo... No quería saber que estoy en un reloj de arena, y que esta arena va a terminar aplastándome en cualquiera de estos días.
Odiaría...
Estar en una habitación, debilitándome cada día más, fingiendo disfrutar de mis últimos días mientras me torturo pensando que la muerte está esperándome, si es que acaso tendría fuerzas para pensar, mientras ellos a su vez fingen estar bien y sonríen temblorosos y bromean nerviosamente, y se desviven por darme lo mejor, conteniendo las lágrimas porque... porque ya no queda tiempo. Quiero llorar, pero en esta noche las lágrimas no tienen cabida. Estoy aquí por última vez, como un hombre cualquiera que se pierde en la inmensidad de la noche y la hermosura de la luna, preparándome para algo que no lograré hacer, pero no es como si hubiese otra opción: enfrentar mi destino.

This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International License.