Luego de una noche lluviosa y amanecer nublado vino a mi mente ese domingo de paseo en el teleférico. Tú y esa montaña tan grande como nuestro amor. Si hoy tuviera que ponerle un color al amor sería el verde, verde como la naturaleza, la esperanza y a veces mis ojos cuando se reflejan en los tuyos.
Mantengo en mi memoria cada día esa imagen del Ávila impetuoso y majestuoso, me conecta enseguida con el amor, la esperanza, la paz, lo inmenso e infinito, lo sublime y eterno.
Recuerdo mi primera vez, joven e impetuosa, llena de energía y con ganas de descubrir el mundo. Me adentré en sus caminos, subidas, bajadas, más o menos inclinadas. Lo disfruté como nunca antes había disfrutado algo. Me parecía tan maravillosa la montaña, por donde viera encontraba esa naturaleza única de la cual nos rodeamos cuando estamos allá arriba.
Los miedos, las tristezas, desaparecieron y me fui llenando de una energía especial que solo el transmite. Emblemático de la ciudad de Caracas, refugio para quienes necesitamos a veces escapar de la metrópolis, inspiración de muchos pintores y hasta escritores. Así es el Ávila es vida, amor y mucho más...