En esos pocos momentos que tenemos mis colegas y yo para intercambiar ideas en el trabajo, entablamos una conversación acerca de un tema que quizá muchos allí pensamos, pero que jamas habíamos tratado.
No recuerdo quien inicio el diálogo, pero el motivo del mismo fue que estábamos observando a unos estudiantes y nos dimos cuenta que llevaban unos tenis (o lo que todos aquí conocemos como zapatos deportivos) muy bonitos y actuales. Cada estudiante usaba modelos y marcas diferentes, eso si, todos eran de marcas reconocidas. Vale mencionar que trabajo en un colegio privado.
De inmediato surgió una interrogante: ¿cuando podremos comprar unos zapatos así nosotros?
Las respuestas no se hicieron esperar, pero casi todos a la vez respondimos "NUNCA". En ese momento reímos En ese momento reímos a carcajadas,ya que eso si tenemos los venezolanos y es lo que ha hecho que sepamos sobrellevar esta fuerte crisis; de toda situación, por muy adversa que sea, nos reímos y hasta chiste hacemos. Pero ya pensando con seriedad las cosas, nos dimos cuenta que era muy triste tener esa percepción, de que trabajemos lo que sea, no ganaremos lo suficiente para comprar algo tan básico como un par de zapatos.
Recuerdo que comente en ese momento "tanto estudiar, somos los profesionales, los asalariados y no podemos acceder ni a eso".
Hay colegas que además de trabajar en ese colegio privado, también tienen cargos públicos y, sin embargo, dicen que tampoco les alcanza, que estamos trabajando es para medio comer, ya que el salario ¡se lo come la inflación!
He visto con dolor como muchos colegas van a trabajar, con zapatos desgastados y hasta rotos, en condiciones que no son las mas apropiadas, pero que no les queda de otra, con pantalones con parches, porque no es solo zapatos, sino también la ropa como tal.
Para que un docente venezolano pueda adquirir un par de zapatos deportivos,tiene que durar cinco meses (mínimo), sin comer y para comprar un pantalón (de los mas económicos), tres meses.
La situación es tan critica, que al docente se le hace difícil hasta acceder a los artículos de higiene personal! Pues tenemos el dilema de que si compramos desodorante, eso nos sirve para comprar pasta o arroz, así que optan por usar bicarbonato de sodio o polvos ortobóricos, que son mas económicos que el desodorante.
Quizá muchos, al leer esto, crean que exagero, pero debo decir que me quedo corta. Entre los comentarios que a veces escucho en mi trabajo de parte de mis colegas está: "tengo hambre, me vine sin comer porque hay que rendir la comida". Y somos muchos los docentes que hemos bajado de peso (me incluyo), algunos hasta parecen enfermos, ya que han perdido ese brillo y vitalidad que irradiaban y que suele darte una buena alimentación y una vida sin angustias.
Me duele mucho cuando mis compañeros de trabajo me dicen: "profe, traiga café mañana", y debo decirles que no tengo. Anteriormente lo hacía, llevaba café y compartía con todos, pero en estos tiempos brindar un café, ¡es imposible!
Recuerdo que anteriormente, al docente le alcanzaba el sueldo, inclusive para recrearse y darse cualquier gusto, hoy día todo esto ha quedado atrás. Muchos nos preguntamos si volveremos a ese nivel, si será posible rescatar la dignidad del docente venezolano.
Todos los profesionales de este país, están siendo golpeados fuertemente por esta crisis, pero especialmente el docente, ya que educar es una gran labor, que requiere de muchísimo esfuerzo y paciencia. Es un trabajo constante, el maestro no descansa y tiene función múltiple, por eso muchos terminan desgastados, agotados, porque esta labor es sumamente fuerte, sobre todo en estos tiempos de tantas carencias.
Reivindiquemos al educador, forjador de futuro.